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Vencer los miedos. ¡Qué a gusto se está en casa!

Esta semana mi entrada en el blog iba a tratar sobre otro tema distinto al que me dispongo a relataros pero… la actualidad manda, ya se sabe, será de formación profesional 😉  Después de seis meses en Copenhague, tras haber perdido y recuperado mi anillo de casada en mitad de un parque, de que me robaran la cartera por primera vez en mi vida y también por vez primera alguien se tomase la molestia de ir hasta mi casa a devolvérmela (después de haberla encontrado quién sabe dónde, sin el efectivo claro, pero con todo lo demás…. ), de perder la llave comunitaria del edificio y encontrarla horas después en el mismo lugar,… ha ocurrido lo que temía desde que llegamos a esta preciosa casa, cuarto piso con un antiquísimo ascensor. Sí, ¡me he quedado encerrada! Sola en un espacio de 1×1 metro aproximadamente. Y menos mal que ha sido sola… 50 minutos que se han hecho muy largos, ¡¡larguísimos!!.

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“¿Hacer fotos en momentos de tensión?” Lo dicho, de formación profesional …

Y es que, pocos lo saben, pero sufro claustrofobia desde que era niña. Incluso aquellos que bien me conocen tal vez no sepan de mi fobia porque siempre he sido de esas personas que prefieren no contar demasiado sobre los miedos personales. Llamadme rara, pero así es. Sin embargo, esta anécdota me hace reconocerlo. Hoy es el momento.

El motivo de este temor o el inicio del mismo no sé exactamente de dónde proviene, así que estará en mi subconsciente. Tan sólo recuerdo una vez, en el edificio de mi abuela, subiendo al noveno piso, quedar encerrada con más gente. Tuvieron que sacarnos… No tengo muchos datos en mi cabeza, quizás era demasiado pequeña pero debe ser que me marcó.

En fin, que los pocos que saben de mi fobia, y cómo he temido siempre a estas máquinas, pueden deducir cómo he pasado estos momentos El caso es que me propuse, al llegar aquí, subir y bajar escaleras a diario, pero con el carrito a veces, la enana la mayoría, y el crecimiento avanzado del nuevo miembro de la familia al que le quedan aproximadamente tres meses y medio para estar entre nosotros… ese propósito de hacer ejercicio subiendo y bajando peldaños pronto pasó a mejor vida (“no será para tanto tu fobia”, pensarán algunos. Y debe ser cierto, diría yo….)

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Cinco plantas como ésta, dos o tres veces al día, me hizo replantear las cosas en su momento…

El caso es que he conseguido salir del ascensor con mi inglés, hablando con la operadora de la central de ayuda y sin perder los nervios en exceso, y eso que pensaba que no sería capaz.

Lo admito. Me he llegado a marear. Pero he dejado de pensar en mí. Tenía que recoger a Vega de la guarde, y estaban a punto de cerrar. Y también está el pequeño…, así que no, no podía perder los nervios.

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‘Hjaelp’ El milagroso botón

Sólo un vecino ha subido a hablar conmigo, y eso porque lo abordé con “Help meeeeeeeeeeeeeeeee” cuando lo oía salir de casa. El caso es que (de esto me he enterado a posteriori, conste) una de las normas del edificio es esperar a que venga el técnico a sacarte y no molestar al personal. Cosa que me he pasado por alto con mis reiterados grititos de “help me, help me”. ¡Qué ridícula me siento ahora! ¡Menos mal que no ha salido nadie! Al fin y al cabo, sólo era un ascensor 😦

Pero, “y si esto en lugar de con seis meses y medio de embarazo me llega a ocurrir a los ocho, o nueve, o…Y si me pusiera de parto??? ¿Y si se cae el ascensor? ¿Y si cierra la guardería y Vega se queda allí sola esperando a que mamá llegue a buscarla?, y si…, y si…, y…” . Pues sí, todas esas tonterías, o no, ha pensado mi cabecita en 50 minutos. Ha sido inevitable. Así que he vuelto a llamar a la central y he presionado hablando de mi estado. Ha surtido efecto 🙂 Diez minutos desde la segunda llamada y ya había un técnico en la puerta que me ha sacado en un santiamén.

Pero lo que sin duda ha conseguido no sacarme de mis casillas en esos 50 minutos ha sido el poder de las nuevas tecnologías. Menos mal que mi móvil tenía cobertura y que pude contactar con Álvaro, que llegó a verme a través de la ventanilla del ascensor y pudo ir corriendo a por la pequeña. Y cómo no, las súper mamás de mi ‘Círculo de Maternidad’ danés que estuvieron al pie del cañón haciéndome pensar en otras cosas, mucho más divertidas, y dando ánimos 🙂 Una vez en casa, al releer la conversación de whatsapp no podía dejar de reír. Porque de cada situación, mala o buena, se saca algo positivo. ¡Gracias chicas!

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¡Qué distinto se ve todo una vez fuera!

Una vez fuera, me despedí rápido del técnico y fui a dar el encuentro a mi pareja preferida 🙂 Eso sí, mientras ellos tienen claro que lo de hacer piernas lo dejan para la bici…

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Yo he decidido plantearme un nuevo propósito para este 2015: volver a las escaleras. ¡A ver cuánto me dura el intento!

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¡Hasta la próxima! Que será pronto 😉

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