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Abrazando los cambios. De norte a sur

Puede sonar típico, pero es verdad. Nos pasamos la vida planificando el mañana, preocupándonos por cosas que aún no han pasado y que tal vez no sucedan jamás, estresados, enfadados, con el ceño fruncido… y entonces, nos olvidamos de disfrutar el momento. Carpe diem, que se dice…

La vida en Copenhague acabó por ahora, ¿quién sabe qué nos depara el destino a la vuelta de la esquina? De nuevo en el sur, la puesta al día no nos resultó muy complicada al principio. Teníamos nuestra vida hecha aquí y al final hemos estado fuera menos tiempo del que pensamos que sería, con lo cual nada ha cambiado demasiado. O al menos eso pensaba en un principio… Al final, se trata sólo de seguir adelante.

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Algo ya es diferente. NOSOTROS. Nunca hemos sido de esas personas cuyo arraigo a un lugar les impidiera alejarse del mismo lo suficiente, y ser feliz. Hablo por mí, y me atrevería a decir que Álvaro piensa igual, pero no voy a poner voz ni letras a sus pensamientos o emociones. Yo no creo en las fronteras, ni en los determinantes posesivos. Nací en Cádiz y me encanta esa tierra, pero no por ser mía, puesto que no lo es, en realidad soy yo quien en parte le pertenezco, al igual que pertenzco a Granada, a Sevilla, a Copenhague… y a todo aquel lugar en el que sea capaz de encontrarme conmigo misma y sentirme feliz, plena.

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Así que, si antes ya me sentía ciudadana del mundo, ahora que mi mente se ha abierto aún más, ese sentimiento ha crecido y siento la necesidad de verlo todo desde distintas perspectivas. Es algo constante. A veces me gustaría ser diferente y no tener la necesidad de estar continuamente cuestionándome todo, con ese deseo de cambiar, ese inconformismo permanente, inventando siempre algo nuevo, huyendo de cadenas y amarres, soñando demasiado… Pero entonces me paro a pensar y descubro que Vega es exactamente así, y precisamente eso es lo que más me gusta de ella. Con todo lo malo y todo lo bueno que conlleva ese tipo de personalidad.

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Salir de nuestra zona de confort es necesario. Y utilizo esta expresión como sinónimo del lugar en el que todo nos es conocido, fácil, o rutinario, porque la rutina al final termina siendo sencilla de seguir. Tal vez no tengamos las mejores condiciones económicas, personales o laborales en ese lugar del que no queremos salir, pero es muy común eso de conformarse porque “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Pero, ¿y si lo que estás por conocer es lo mejor que te puede pasar en la vida, lo más gratificante que le puedes enseñar a tus hijos? Abrir sus mentes, borrar sus miedos, convertirlos en seres capaces de adaptarse y encontrar la felicidad en aquello que hagan, sea donde sea. En mis sueños, hay noches en las que me veo paseando entre sus calles, viviendo en la línea del tiempo como si aún no hubiéramos regresado. Y es que un trocito de mi corazón vivirá allí por siempre. He ido retrasando el momento de escribir este post durante meses, quizás con la esperanza de no tener que hacerlo. Pero ha llegado la hora, y desde hoy este espacio pasará a ser Mi momento, esté donde esté.

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Copenhague me ha regalado muchos de los mejores momentos que recordaré toda mi vida y a grandes personas que se quedarán en ella por siempre. Pase lo que pase mañana, hoy toca vivir el presente, así que si decidís seguirme…

Bienvenidos a mis crónicas y divagaciones sobre la vida. Bienvenidos a Mi momento 😉

P.D. A partir de ahora, a las ocurrencias de la pequeña genio se suman también las sonrisas del enano número dos, pero segundón sólo en orden de llegada. Para todo lo demás, tan número UNO como su hermana. Mil besos!!!!

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Pongamos que hablo de Copenhague

Después de un tiempo alejada del teclado y la pantalla del ordenador, vuelvo con ganas de sentarme a escribir. Las ideas y temas se agolpan en mi cabeza y a veces es difícil poner orden en ellas, por eso mejor tomar distancia. Pero por el momento, vuelven a estar organizadas. A veces basta una sensación para despertar.

Y es que hay olores, colores o símbolos que, instintivamente y de forma inmediata, asociamos a determinadas personas. Lo mismo le ocurre a los lugares que nos han marcado en nuestra vida. A nadie se le escapa que hay ciudades reconocibles únicamente por las imágenes de sus monumentos, instantáneas que han dado la vuelta al mundo y que nos hacen sentir que conocemos el lugar en cuestión sin ni siquiera haber pisado su suelo. Sabemos pues que se trata de París por una foto de la Torre Eiffel, nos sentiremos en Sevilla si vemos una imagen de la Giralda, de la misma forma que la Puerta de Alcalá nos traslada hasta Madrid, y así un largo etcétera …

Sin embargo, al margen de lo evidente, cada uno de nosotros relacionará los lugares que nos resultan importantes a partir de una serie de símbolos. Por eso, Copenhague, para mí, siempre será mucho más que la típica foto del puerto de Nyhavn o las cientos de bicicletas “aparcadas” en cualquiera de los parkings habilitados para ellas.

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Puerto de Nyhavn
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Señal de carril destinado a las bicicletas

Copenhague se ha ganado a pulso el convertirse en lo más parecido a ‘El País de Nunca Jamás’, ése con el que siempre había soñado y ya daba por perdido. Un mundo pensado y creado para los niños . Sin duda, eso es lo primero a destacar en mi lista de imprescindibles de esta tierra nórdica. Todo dedicado a que los pequeños de la familia sientan que son uno más, incluidos en un sistema menos burocrático y distante que ése al que estamos acostumbrados, importantes en cada decisión que éste debe tomar, con sus necesidades cubiertas y sus prioridades tenidas en cuenta.

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Nada de llevarlos en nuestro carrito de la compra
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Que ellos también participen!

Un niño debe ser feliz y vivir su infancia con plenitud. Tal vez, empezando por su tiempo de juego y experimentación, y he aquí donde podríamos destacar algo tan básico como los columpios que encontramos en los espacios de recreo… ¡Ojalá mi generación (así como las anteriores y posteriores) hubiéramos podido disfrutar de columpios y actividades como las que están a disposición de los niños en cualquier lugar de Copenhague (extensible a toda Dinamarca). Todo pensado para el desarrollo adecuado de sus habilidades.

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Parque ubicado en el recinto de la Fábrica de Carlsberg
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Obstáculos que deben sortear, de árbol en árbol
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Poner a prueba sus habilidades y hacer que mejoren día a día…
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Bicicletas gratis en los parques, a disposición de todos

 

 

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Y un paquete de juguetes que la Comunidad de cada edificio adquiere para sus residentes más exigentes

 

Y es que no sólo se trata de subirse a un columpio y dejar que les paseen, ¡ni de lejos! Trepar, escalar, construir torres con piezas gigantes de Lego, areneros en los que mancharse sin miedo, casitas en los árboles …y un sinfín más de opciones que hacen de los parques infantiles espacios en los que la imaginación, el aprendizaje y la aventura están muy presentes.

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Mancharse es obligatorio para experimentar en condiciones

 

 

 

Bueno, y no debemos pasar por alto algo básico y, como se diría en mi tierra, “de cajón”: se trata de áreas equipadas con baños públicos para que todos aquellos que se encuentren disfrutando en el parque, tanto niños como mayores, puedan hacer uso de los mismos.

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Al fondo, el servicio

 

No es algo tan difícil, digo yo. Ganamos todos, las personas y por supuesto las zonas de recreo. Sin embargo, aún no he visto un parque público en nuestro país que disponga de este servicio. ¡Miento! hace unos días vi uno  pero estaba cerrado con llave y no había nadie encargado de facilitarla. Así que no diré dónde está el parque en cuestión, porque para tal caso es como el que “tiene un tío en Graná, que ni tiene tío ni tiene na”. Y qué decir de los  establecimientos, prácticamente todos, que dedican un espacio para el juego infantil…

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Restaurantes y establecimientos que también piensan en ellos

Es similar a lo que ocurre con los cambiadores de pañales en los bares o restaurantes. En España (a excepción de algunos lugares privados que ya incorporan sala de lactancia a la que pueden entrar padres y madres), por norma, los cambiadores se encuentran en el baño femenino, dando por hecho que es la mujer quien debe encargarse de dicha tarea. Y no pasa nada, las madres lo hacemos gustosas, pero no por imposición, o al menos no debería ser así. ¿Qué ocurre si el papá se encuentra solo con el bebé? ¿Puede entrar en el baño femenino para hacer uso de este servicio al que el niño tiene derecho?… Podría intentarlo, pero seguramente, como poco, le mirarían raro. En Dinamarca esto no ocurre. Los baños, separados o mixtos, cuentan con la opción de cambiador tanto para la compañía femenina como la masculina. Cositas básicas, de nuevo “de cajón”, que no llego a comprender por qué no incorporamos. Y no se trata de copiar, sino de lógica. ¿De verdad a ningún responsable de este tipo de asuntos se le ha ocurrido?

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Papel y lápices para ellos en cualquier lugar que se visita
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Escalar y poner a prueba la fuerza

 

O por ejemplo, otro asunto relacionado con el tema en el que no se tiene en cuenta el bienestar de los niños. Hablo del hecho de instalar la zona de juegos infantiles a pleno sol (me refiero al caso de Andalucía, donde aprieta el calor durante gran parte del año). Tenemos parques con árboles y sombra, pero reservan un espacio en el centro para los dichosos columpios, que además no son de madera sino de plástico o metal, y ya sabemos lo que ocurre… se calientan con el sol y queman. ¿Consecuencia? Reducimos las horas en las que se puede disfrutar de los parques, que se mantienen vacíos la mayor parte del día.

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Una casita en el árbol, el sueño de todos

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Evidentemente no podemos hacer nada contra la naturaleza, ni se me ocurre. Dinamarca tiene árboles frondosos y sombra, nubes, a veces sol que da calorcito pero no quema, por lo general.

JpegNosotros tenemos un clima envidiable, y a mí me encanta, pero teniéndolo en cuenta no vendría mal pensarse mejor dónde colocar los parques o instalarles unos toldos o parras que den sombra… En fin, lo que se hace en el casco histórico de la mayoría de las ciudades andaluzas cuando va llegando el buen tiempo.

Como decía, Copenhague es una ciudad pensada y creada para los niños. Podemos ver una zona infantil allá donde vayamos. Bibliotecas, museos , restaurantes …Espacios públicos y privados, no importa cuál sea su naturaleza, el caso es que todos piensan en ellos, los pequeños, y en nosotros, los papás. Como debe ser.

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Zona de escalada en el Experimentarium City
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Y toboganes también los aeropuertos, para que la espera sea más llevadera

 

De hecho, es la única forma de hacer que las cosas funcionen, que los niños se interesen por la cultura, que podamos disfrutar en familia de una visita a lugares de interés histórico, introducirles en la vida cotidiana, acercarles al arte, la naturaleza, la literatura y la lectura, etcétera… y hacerlo de una forma divertida. Además de como padres, como adultos, no renunciar a nuestros intereses y hobbies, sino todo lo contrario: poder compartirlos y disfrutarlos en familia.

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Organización continua de actividades para ellos
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Y los museos totalmente prácticos

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Y lo mejor de todo, “Un Mundo para Niños” porque permite a los padres tener TIEMPO, el valor más preciado. TIEMPO para dedicar a los menores, a la crianza, a la familia. TIEMPO para disfrutarlos y crecer con ellos, no sólo verlos crecer a ratos. TIEMPO para compartir aficiones, resolver conflictos y aprender unos de otros. TIEMPO para la felicidad.

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Porque gestionar el día a día con familia y trabajo nunca fue tan sencillo…

Evidentemente hay muchas cosas en las que Dinamarca aún tiene que avanzar o mejorar pero, sin duda, el tema de la infancia y la conciliación familiar no es uno de ellos. Y cuando tienes hijos, qué duda cabe de que ésa es la prioridad absoluta.

Buscando formas en las nubes…

Hola de nuevo!!

¿Os parece si hoy hablamos de nubes? Tranquilidad, ¡que no cunda el pánico!. No me he vuelto loca -todavía-. Hablamos de nubes, sí, pero no sobre su posible olor o color, como mucho intentaremos buscarles forma. Puede parecer extraño, pero lo cierto es que si hay algo que no ha dejado de llamarme la atención desde que llegamos a nuestro nuevo hogar ha sido su cielo. Y si hace unos meses lo hacía por la inmensidad de su azul y la preciosidad de sus nubes, hoy todas ellas juntas forman una única gran mancha blanca, desde por la mañana hasta por la noche, y eso también me sorprende.

Nubes que dan un toque mágico al cielo
Nubes que dan un toque mágico al cielo y   Estrellas que ponen la guinda en la Tierra

Nubes de todos los tamaños y formas. Tanto es así que para Vega son “ovejas en el cielo”, ¡así que imaginad lo esponjosas que parecen! 😉 La primera impresión me trasladó de nuevo a casa, a mi primera casa, Cádiz. Allí siguen estando mis raíces y la familia, pero he de reconocer que ‘mi casa’ la dejé en otro lugar, aunque la tierra tira y mucho. En fin, será por ser de costa que este cielo me recordó al de la Tacita, a la Isla, a las tardes de verano en el Faro de Trafalgar, a los paseos por la interminable Bolonia, me devolvió también olores que creía no poder encontrar más que allí, y con ellos la sensación de libertad. Un cielo en el que no parecía haber barreras (cuando conoces la ciudad descubres que alguna hay, pero mínima), inmenso y azul. Un espacio abierto en el que la claustrofobia, que a veces me invade, no tenía cabida.

Cuando volví a San Fernando, después de terminar la carrera, pasar por otros estudios y empezar a trabajar en Cádiz, me compré un coche, mi Micra. Cuando necesitaba salir, respirar y coger aire, recuerdo que juntos nos íbamos a Camposoto, a pasear. No importaba si era verano, otoño o invierno. Al llegar aquí y visitar una de las playas más cercanas del centro, pensé  “¡ya tengo lugar al que venir cuando me pierda!”. Pero…no tengo a mi Micra, y lo de ir en bici está bien aunque, creo que ya lo he dicho, soy de naturaleza perezosa para hacer ejercicio, así que esperaré a no encontrarme de verdad para volver a visitar la playa a solas.

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        Ese cielo azul inmenso del Sur.
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          Atardecer en Zahara de los Atunes.
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                     Atardecer en Cádiz.

En Agosto y Septiembre era fácil pues encontrar maravillosos paisajes en el cielo; paisajes creados por nubes. Fuéramos donde fuéramos me quedaba embelesada mirando hacia arriba. A la pequeña parece que también le gusta eso de observar el cielo, tanto de día como de noche… es lo que tienen las Estrellas. En el parque, en la playa, desde casa, cualquier lugar es bueno para deleitarse.

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              Vistas del cielo desde casa.
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   A los pájaros también les gusta el calorcito.
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    Un cielo salpicado de blanco en las tardes.

Y si no, que se lo digan a los buenos amigos que nos visitan y para los que tampoco pasa desapercibida la belleza de este cielo.

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     Pocos pueden resistirse a fotografiarlas.       
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          Imposible no mirar hacia arriba.

Pero claro, no todo es color de rosa, ni el azul del cielo eterno. Llegó Octubre y con él se fue marchando la luz. Una mañana, al despertar, mi compañero me preguntó “¿qué tal el tiempo?”, “el cielo está blanco”, respondí. Su cara fue un poema y al gesto extrañado le siguió una sonrisa, junto a otra pregunta: “¿eso qué quiere decir?”. Pues exactamente que estaba blanco, ni azul, ni gris, ni oscuro… BLANCO. Y así continúa. De vez en cuando se ve el sol, algo de claridad, aunque poca, seamos sinceros. Y sí, puede llegar a afectar al estado de ánimo, no ver el sol se hace duro, pero hay que buscar alicientes, porque lo cierto es que a partir de ahora nos quedan unos meses de oscuridad. Aunque, para quien no está acostumbrado a ver este tipo de cielo, también es una experiencia.

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                                    Se avecina tormenta.

Al fin y al cabo, qué es la vida si no nos dejamos sorprender por lo que vemos. Y si lo hacemos acompañados por los pequeños de la casa es mucho mejor, descubres que tu capacidad de asombro continúa viva, quizás sólo un poco dormida, pero ellos son especialistas en despertarla. Yo seguiré mirando al cielo, nunca se sabe cuándo puede pasar una Estrella Fugaz.

Feliz semana 🙂

La vida sobre tres ruedas y cómo no perder el equilibrio

Dicen que cuando todo va sobre ruedas es que las cosas marchan bien… Bueno, pues precisamente de ruedas hablamos hoy en este post 😉 Tal y como os prometí en el anterior, tocamos el tema de la movilidad en esta ciudad, donde hay más bicicletas que personas, y no es de extrañar dado que todo turista que llegue necesitará usar el medio de transporte por excelencia en Copenhague. Cierto es que los autobuses funcionan con bastante puntualidad, el metro es perfecto para moverse, y si lo preferimos tenemos el tren, pero el precio del billete para cada uno de estos medios es bastante elevado. Moverse en coche no parece complicado pero descartamos el tema en cuanto supimos lo que nos costaba llegar acompañados por el Micra o el Picasso. Hacer ejercicio y contribuir al cuidado del medio ambiente, además de ahorrar unas buenas coronas danesas, nos pareció desde el principio la mejor opción. Así que el Picasso espera nuestra vuelta a España vacaciones tras vacaciones, con los mejores cuidados posibles, y mi pequeño Micra pasó a mejor vida. Ahora recorre Granada en otras manos. Deshacerme de él dolió. “Sólo es un coche”, sí; pero es mi coche, o era mejor dicho. Símbolo de mi independencia, de mi madurez, de la superación de muchos miedos, era lo único ‘sólo mío’ que me quedaba y ya no está… Siete años que quedan en el recuerdo. No sé si volveré a tener un Micra alguna vez, pero estoy segura de que mi próximo auto debe parecérsele.

Dicho esto, mandamos nuestras bicis, con todo aquello imprescindible, en el camión de la mudanza: Granada-Fuengirola-Copenhague. Y así fue más fácil adaptarnos al ritmo de vida danés. Hacía tiempo que no usaba la bicicleta, y aunque es verdad que no se olvida, hacerse a los semáforos, señales, gestos y rutas puede conllevar unos días. ¡Es genial ir por llano! Aquí apenas hay cuestas o subidas, y las que existen, a excepción de alguna, son muy pero que muy llevaderas. Así que utilizar la bici rosa a diario se convirtió en lo más normal del mundo y buscar ropa adecuada para ello también.

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                                                 La autonomía es importante para todos 🙂

Eso fue hasta que comprobé que aquí lo de ir en bici y a la última es totalmente compatible. Para mí el término bicicleta, hasta entonces, había ido acompañado por el de ropa de deporte. Sin embargo, la cosa es totalmente distinta cuando comprendes que no vas a hacer ejercicio sino a trasladarte de un lugar a otro, así que las faldas, las medias y los tacones son prendas que se ven y mucho sobre dos ruedas en Copenhague. He de reconocer que con las faldas ya me he atrevido pero lo de los tacones… voy a dejarlo para más adelante.

Preparadas, listas, Ya! A por la bici
                      Preparadas, listas, Ya! A por la bici

A pesar de nuestro intento por hacer vida danesa, había algo que fallaba. Yo no podía llevar a mi enana en la bici. Llamadme torpe, sí, pero todavía no he sido capaz de mantener el equilibrio si llevo a la pequeña sentada detrás en su silla. Esto era un problema añadido ya que sólo el papá podía llevarla y no siempre está papá, eso es obvio. Además, ver cómo se le caía la cabecita cuando se quedaba dormida en pleno trayecto daba bastante lástima. A todo esto le sumamos que el invierno en Copenhague es de los de verdad: el frío, la lluvia y la nieve no tardarían en llegar así que estaba claro que necesitábamos algo más que nuestras bicicletas. Y un coche no iba a ser.

Acostumbrarse a esto no es lo mío ;)
                                                Acostumbrarse a esto no es lo mío 😉

Opciones había muchas…tantas como marcas de bicicletas de carga -o Cargo bike- encontramos en la ciudad. Christianiabikes, Nihola, Bullit, Triobike, Bakfiets.nl,… y así muchas otras. Después de estudiar las características de cada una de ellas y el precio de las mismas, decidimos comprar la que nos pareció más manejable, cómoda y segura, bonita estéticamente y que mejor se adaptaba a nuestras posibilidades económicas. Cierto es que no se trata de una compra ‘barata’, y que barajamos la posibilidad de comprar una de segunda mano (mercado que aquí funciona estupendamente), pero nos lo planteamos como una inversión. Al fin y al cabo es nuestro medio de transporte, nuestro vehículo y, si en algún momento ya no la necesitamos o queremos cambiarla por otra algo más grande, siempre podemos revenderla.

"¿Es para nosotras, mamá?"
                              “¿Es para nosotras, mamá?”

Desde entonces, vemos la vida sobre tres ruedas 🙂 No voy a negar que cuesta deshacerse de la idea de bajar a la calle, sacar las llaves del bolso y entrar en el coche. Poner la calefacción y subir el volumen de la música. Pero nuestra Nihola se ha convertido en un elemento fundamental de nuestra vida. La pequeña va calentita, tapada y cómoda. Yo no pierdo el equilibrio y puedo incluso tomar un café mientras la manejo. Los días de lluvia toca aumentar el ritmo, pero cuando sale el sol podemos disfrutar de paseos en los que pararse a mirar es posible.

Recorrer la ciudad es ahora más fácil y divertido
        Recorrer la ciudad es ahora más fácil y divertido
Y a disfrutar de los paseos juntitas.
                        Y a disfrutar de los paseos juntitas.

A la playa, al centro, a los lagos o a pueblos de alrededor. Subirme en mi Nihola me hace sentir bien, porque entre otras cosas siento que por fin hago algo de ejercicio, muy necesario para mí, y es que si hay algo que me cuesta la vida es hacer deporte. Al menos ahora no me queda otra que pedalear. ¡Pues hagámoslo con gusto!

Feliz día 🙂

Y tener la oportunidad de comenzar de cero…

¿Quién dijo que cambiar de vida fuera fácil? Todos hemos deseado hacerlo alguna vez, eso es seguro. ¿Quién no ha soñado con empezar de cero? Yo, al menos, lo hacía continuamente. Pero no es lo mismo soñarlo que ver cómo esa utopía se va haciendo realidad, y además a un ritmo vertiginoso, casi sin tiempo de reacción.

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                        Con la mochila cargada de recuerdos

Fui consciente de ello en esta parada de bus, sólo dos horas después de pisar tierra danesa. Hasta ese momento, me había limitado a dejarme llevar. Pero ese día, en ese instante, me di cuenta de que todo había cambiado. Para bien o para mal, eso ya es cuestión de cómo gestione cada uno las situaciones. He de reconocer que al principio me bloqueé. Algo muy humano, por otra parte, y es que no aprendemos. Soy de las que suele tropezar una y otra vez con la misma piedra. Terca o tenaz, según se mire.

primeros momentos
                                             Primeros momentos

Era agosto, pero llovía como si fuera el mes de noviembre en España, apenas habíamos dormido la noche anterior y mi cabeza no dejaba de preguntarse “¿qué haces tú aquí?”. El sol no nos dio la bienvenida hasta pasados unos cinco días, los mismos que esa maldita pregunta decidió hacer nido en mi mente. Pero la vuelta del buen tiempo y el cambio de ‘chip’ me permitieron comenzar a vivir y disfrutar de esta aventura, como muchos lo llaman. Una etapa de crecimiento personal y familiar, nunca mejor dicho. Y fue entonces cuando inicié el descubrimiento de esta tierra mágica en la que la naturaleza está tan presente que a veces nos traslada a paisajes de ensueño. Comprender aquí lo esencial es mucho más fácil, explicarle a tus hijos el cambio entre las estaciones es tan sencillo como pasear con ellos por el parque y mirar los árboles, las hojas, los pájaros que marchan hacia un lugar más cálido…Un lugar en el que los niños son lo más importante – como debe ser- y  en el que el tiempo parece detenerse para permitirnos saborearlo. Estoy aprendiendo a mirar de nuevo y a reencontrarme. Creo que me estaba perdiendo.

piscinas en el parque
                                                    Con luz propia….

Y mirando y mirando, he descubierto lo maravillosas que pueden ser aquí las nubes. Fue algo que me llamó la atención desde que aterrizamos en CPH. Bueno, en realidad, cuando se marchó la lluvia y el cielo comenzó a abrirse. Las hay de todas las formas posible, y de todos los tamaños. Parecerá una tontería pero este cielo es aún más inmenso. He empezado a maravillarme con pequeños detalles que creía olvidados, a darle importancia a hechos o situaciones en las que antes no me percataba. Aquí, el contacto con la tierra y el desapego a lo material prima. Aunque reconozco que echar de menos es algo en lo que soy especialista. Y la melancolía es otra de mis debilidades. Pero un ‘break’ es un ‘break’.

Ya no me sorprende ver a alguien descalzo por la calle o encontrar a los niños desnudos bañándose en una fuente. O ver cómo en el quinto piso dos chicas se sientan en el borde de la ventana tomando una cerveza y disfrutando de los escasos rayos de sol que ,un día en concreto, se hacen visibles. Quieren sacar el jugo a los buenos momentos, sentir el contacto con la tierra, notar el calorcito en la piel o la lluvia, en su caso. Lo importante es apreciar lo que tenemos cuando lo tenemos.

¡Mirar de forma positiva o negativa lo que estamos viviendo lo cambia todo por completo! Ahora, cuando paso por delante de esa parada de bus no puedo, cuanto menos, esbozar una pequeña sonrisa. Lo primero que me viene a la cabeza ya no es la lluvia ni la pena de aquel día.  La voz de mi enana cantando aquella mañana, en su cochecito, bajo el impermeable, a pesar del cansancio y de los cambios… eso es lo que me hace sonreír 😉