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Una jornada en plena naturaleza

No estaba premeditado, lo prometo. En mi mente no cabía la idea de dejar mi país, mi ciudad, mis amigos y mi vida. Sí en mis sueños, claro. ¿Quién no fantasea con la idea de dejarlo todo? Pero en el fondo me gustaba nuestra vida. Hacer planes sobre el futuro incluía ampliar la familia, seguir trabajando en lo que me gusta, poder comprar una casa y viajar, viajar mucho. Pero casi nada de eso era factible con las circunstancias que había. Sin embargo, vuelvo a decir que ME GUSTABA MI VIDA. Pensar que mi hija podría crecer cerca de sus primos, de la familia, de los amigos tan necesarios, pasear por los lugares que formaban parte de mi historia y explicarle el porqué eran importantes para mí, enseñarle mi recorrido por el mundo…No podía imaginar que el destino nos tendría preparado algo muy diferente, una lección de vida. Qué ilusa pensar que podría ser la guía de una pequeña cuyo mundo es mucho más grande que el que limitan las experiencias de su madre. Ahora, juntos, vamos descubriendo los secretos que ese mismo destino tenía escrito para nosotros. Lugares que son parte de los tres, no de uno solo; momentos que quedarán en la memoria y el recuerdo porque nos han hecho más fuertes, y vivencias que nos cambiarán para siempre. Ahora puedo enseñar algo más a mi hija, a valorar pequeñas cosas de las que antes ni siquiera yo me percataba.

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Tiempo, preciado tesoro…

Los apoyos, las relaciones, las amistades… Todo seguirá donde estaba porque cuando el cariño es verdadero ni el mayor número de kilómetros de distancia es capaz de acabar con él. Hoy leí una frase que me encantó, y siento no saber de quién es: “la distancia impide los abrazos pero no los sentimientos”. Es inevitable no acordarse de vosotros día a día, de las llamadas, las visitas, los encuentros entre amigas, almuerzos o cafés de media tarde improvisados, los descansos en la puerta del trabajo … pero nada ha cambiado, o casi nada al menos. Por otro lado, hacer piña cuando estás fuera de lo que consideras tu casa (aunque el hogar esté donde se encuentre la familia) es fundamental. Eternamente agradecidos a esas personas que nos ayudan y nos hacen el día a día maravilloso. Todo es más fácil con esas clases de yoga, con los cafés saludables y los que no lo son tanto, pues van acompañados de un trozo de pastel 😉 , por las charlas tan necesarias y los encuentros de fin de semana… Será el sol, pero creo que es un buen momento para decirlo.

¡Sol que alimenta el espíritu!
¡Sol que alimentas el espíritu!

Y también hoy es un magnífico día para hablaros de nuestra visita a Dyrehaven, o parque de los ciervos en español. Hace ya un tiempo que tuvo lugar, y repetiremos seguro. Este precioso bosque se encuentra al norte de Copenhague, y en él viven en libertad miles de ciervos y gamos, árboles enormes y paisajes inmensos, preciosos. Además, junto a él se encuentra uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo, Bakken, del que disfrutaremos cuando llegue la primavera.

El parque es increíble y la oportunidad de disfrutar de la naturaleza única. Nosotros fuimos en bici hasta el centro de Copenhague y allí, junto a nuestro vehículo base, cogimos un tren que nos dejó justo a la entrada del parque. Hicimos el recorrido en bicicleta, aunque puedes hacerlo andando o a caballo si dispones de uno, también en carruajes que puedes encontrar allí mismo, con chófer por supuesto. Al pasar un restaurante que hay a la entrada, en el que todo huele que alimenta, giramos a la derecha y a partir de ahí a descubrir.

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Entrada a Dyrehaven, o Parque de los Ciervos.
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Descubriendo Dinamarca 🙂
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Porque el camino a pie también se agradece.

El parque es inmenso y verlo entero requiere mucho tiempo. Hicimos parte del trayecto en la Cargo Bike, parando para disfrutar de las vistas. Continuamente observábamos a los ciervos en su entorno, muy cerca de nosotros, tanto que impresionaba (a mí que soy un poco ‘cagueta’ me asustaba un poco, he de decir pero es una estampa digna de apreciar de cerca).

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Aquí uno de los ciervos.

Para el ‘frokost’ (aunque llevábamos zanahorias y comida en frío, los filetes empanados tuvieron más éxito)decidimos parar a la espalda del palacete que hay en el parque. Antes del almuerzo, estuvimos un buen rato disfrutando de las vistas: paisajes preciosos y cientos de gamos juntos.

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Al fondo se encuentran los ciervos y gamos.

Como os comentaba, y podéis comprobar (por la ropa de Vega, sobre todo), hace ya un par de meses que estuvimos en Dyrehaven, de hecho era Octubre pero no quería dejar de contar y revivir esta experiencia.

Cuando conseguimos que la pequeña, entusiasmada con las ramas, palos y troncos que encontraba por el suelo, nos prestara atención, fuimos a comer a la zona del palacete desde donde se puede ver el mar al fondo. Allí los niños corrieron, subieron pequeñas colinas y observaron ver volar cometas. Un estupendo lugar para pasar un día con buen tiempo.

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1Eso sí, correr detrás de la pequeña independiente de ‘strong personality’, como dice su seño, es agotador así que antes de las cuatro estábamos volviendo. Eso sí, nada de tren, a casita en bici. Más de hora y media pedaleando, ¡¿quién me lo iba a decir a mí?!. Con parada a medio camino para reponer fuerzas, claro. Con este panorama, llegamos a casa muy pero que muy cansados aunque la ruta, bordeando el mar y conociendo nuevos sitios, mereció la pena.

Espero que os haya ayudado a haceros una idea de cómo es este bosque. Hasta la próxima 🙂