Sol y nieve. Perfecta combinación.

Despertarse, mirar por la venta y verlo todo cubierto de blanco…Para los que somos del Sur, acostumbrados a ver el mar, ésta es también una maravillosa estampa que invita, sin duda, a salir a la calle a disfrutar de la jornada, y si además el cielo nos regala un estupendo sol, no hay excusa posible que nos deje en casa.

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Con resfriado familiar, pero bien abrigados, saborear un maravilloso día de nieve es un fantástico plan, sobre todo ahora que empieza a oscurecer más tarde. ¡Cada rincón imaginable se ha vuelto blanco! Cierto es que no es la primera vez que vemos nevar pero no habíamos pasado de una nevada intermitente o leve. En Granada también hemos disfrutado de la nieve en plena ciudad, aunque no de la misma forma. Aquí no es algo esporádico, sino lo habitual. Al parecer, este año está siendo bastante suave y el invierno se está portando bien.

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Con dicho panorama en el exterior, es fácil conseguir que toda la familia se ponga las pilas en tiempo récord y salir a la calle para no perder detalle, ¡como si por tardar unos minutos más la nieve fuera a desaparecer! En estas ocasiones, Frederiksberg Have es siempre nuestra primera opción, ya que está cerquita de casa, tiene explanadas inmensas de vegetación, lagos, patos y cuestas para deslizarse con los trineos. Porque sí, ¡ya tenemos trineo! los Reyes Magos no pudieron atender esta petición de la pequeña pero el asunto ya está resuelto. En él caben dos personas y es de color rosa, claro 🙂 Con todo lo necesario para el disfrute, lo primero siempre es coger nuestras bicis y retirar la nieve de ellas.

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En una salida a la nieve hay algo imprescindible, además de jugar a lanzar bolas, y es hacer un muñeco de nieve. Más aún cuando hemos visto Frozen como unas quince veces y la canción ‘Hazme un muñeco de nieve’ (con diálogo incluido) es la preferida por tu hija. Con zanahoria en el bolso y algún que otro detalle más, padre e hija dieron forma a nuestro particular Olaf: un muñeco regordito y con pelo pincho cuyo cuerpo se hizo realidad gracias a los trucos del papi para hacerlo (yo no sabía que hacer un muñeco de nieve tenía su técnica, oye, pero la enana aprendió rápido y la cabeza de Olaf fue cosa suya).

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Cuántas veces, como padres, no habremos pensado o dicho eso de “ojalá esto hubiera existido, o hubiera podido disfrutar de aquello, o cuánto habría dado por hacer o vivir eso otro… cuando era pequeño”. Al verla  a ella crecer y disfrutar con cosas quizás banales, sí, pero al mismo tiempo tan enriquecedoras para la mente y para la forma de enfrentarse al mundo el día de mañana, es fácil sentirse satisfecho y orgulloso. Tendrá que enfrentarse a problemas como todo el mundo, pero ojalá sea capaz de utilizar las herramientas aprendidas en el camino para saber solventarlos y hacerles frente. Para levantarse tantas veces haga falta… Entiéndase, son divagaciones a las que una llega, no por el hecho de disfrutar de un día de nieve (algo positivo), sino por comprobar y aprender de una niña de dos años a adaptarse y sacarle el jugo a cada una de las experiencias que buscas o encuentras en la vida.

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Son ellos, los niños, quienes nos enseñan a valorar cada momento, a ver las cosas como si fuese la primera vez en nuestra vida que estamos frente a ellas. Nos demuestran que todavía somos capaces de sorprendernos, ilusionarnos y entusiasmarnos con la nieve que cubre las hojas, con el canto de los pájaros, con la imagen de un lago helado… Sus ojos se iluminan cuando lanzas una rama al agua congelada y “¡no se hunde, papá!”. Entonces llega la explicación y sus correspondientes “porqués”, y te maravillas sobre cómo alguien tan pequeño, pero tan grande al mismo tiempo, se hace esas preguntas tan complejas con ese interés por comprender el mundo que le rodea.

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Aprendiendo el porqué de las cosas

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Y sólo espero que nunca pierda ese ansia por saber, por comprender, por entender… que no se conforme nunca con una primera respuesta si no está segura de que es la correcta.

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Ella y su espacio, tan necesario

 

En fin, que me voy del tema. Como decía más arriba, los días ahora son más largos, oscurece más tarde y, a pesar del frío (que no es tanto), empezamos a sacarle partido a las tardes de invierno. Pasear con el paisaje blanco, caminar bajo una nevada que resulta agradable (aunque no tanto cuando vas en bici), patinar sobre hielo o deslizarse con los trineos suelen ser opciones más que viables estos días 🙂

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El trineo rosa ya es una realidad, ahora hay que darle uso…

 

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Los parques ahora parecen infinitos

 

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Para los niños, jugar en el patio del colegio es un gustazo

 

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E ir a una guardería caminando por la nieve también lo es

 

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Incluso aprovechar llegar antes para disfrutar del tobogán

 

De hecho, el patinar sobre hielo es algo que a Vega le gusta y mucho. Lo descubrimos no hace demasiado tiempo. Iniciado el mes de Diciembre ya colocaron algunas pistas de patinajes sobre hielo por la ciudad, con la suerte de que justo debajo de casa nos colocaron una y lo mejor de todo es que, en el kiosko de la Kommune, te prestan los patines así que para aprender es genial. ¿Lo malo? Que hasta que aprenda hay que llevar a la pequeña casi a peso… así que no es una actividad que practiquemos cada tarde…

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Primer acercamiento a los deportes de invierno 😉

 

Un día cualquiera de un mes de invierno en Copenhague. Seguiremos saliendo a la calle y contando y sumando experiencias. La próxima muy, muy pronto.

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Vencer los miedos. ¡Qué a gusto se está en casa!

Esta semana mi entrada en el blog iba a tratar sobre otro tema distinto al que me dispongo a relataros pero… la actualidad manda, ya se sabe, será de formación profesional 😉  Después de seis meses en Copenhague, tras haber perdido y recuperado mi anillo de casada en mitad de un parque, de que me robaran la cartera por primera vez en mi vida y también por vez primera alguien se tomase la molestia de ir hasta mi casa a devolvérmela (después de haberla encontrado quién sabe dónde, sin el efectivo claro, pero con todo lo demás…. ), de perder la llave comunitaria del edificio y encontrarla horas después en el mismo lugar,… ha ocurrido lo que temía desde que llegamos a esta preciosa casa, cuarto piso con un antiquísimo ascensor. Sí, ¡me he quedado encerrada! Sola en un espacio de 1×1 metro aproximadamente. Y menos mal que ha sido sola… 50 minutos que se han hecho muy largos, ¡¡larguísimos!!.

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“¿Hacer fotos en momentos de tensión?” Lo dicho, de formación profesional …

Y es que, pocos lo saben, pero sufro claustrofobia desde que era niña. Incluso aquellos que bien me conocen tal vez no sepan de mi fobia porque siempre he sido de esas personas que prefieren no contar demasiado sobre los miedos personales. Llamadme rara, pero así es. Sin embargo, esta anécdota me hace reconocerlo. Hoy es el momento.

El motivo de este temor o el inicio del mismo no sé exactamente de dónde proviene, así que estará en mi subconsciente. Tan sólo recuerdo una vez, en el edificio de mi abuela, subiendo al noveno piso, quedar encerrada con más gente. Tuvieron que sacarnos… No tengo muchos datos en mi cabeza, quizás era demasiado pequeña pero debe ser que me marcó.

En fin, que los pocos que saben de mi fobia, y cómo he temido siempre a estas máquinas, pueden deducir cómo he pasado estos momentos El caso es que me propuse, al llegar aquí, subir y bajar escaleras a diario, pero con el carrito a veces, la enana la mayoría, y el crecimiento avanzado del nuevo miembro de la familia al que le quedan aproximadamente tres meses y medio para estar entre nosotros… ese propósito de hacer ejercicio subiendo y bajando peldaños pronto pasó a mejor vida (“no será para tanto tu fobia”, pensarán algunos. Y debe ser cierto, diría yo….)

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Cinco plantas como ésta, dos o tres veces al día, me hizo replantear las cosas en su momento…

El caso es que he conseguido salir del ascensor con mi inglés, hablando con la operadora de la central de ayuda y sin perder los nervios en exceso, y eso que pensaba que no sería capaz.

Lo admito. Me he llegado a marear. Pero he dejado de pensar en mí. Tenía que recoger a Vega de la guarde, y estaban a punto de cerrar. Y también está el pequeño…, así que no, no podía perder los nervios.

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‘Hjaelp’ El milagroso botón

Sólo un vecino ha subido a hablar conmigo, y eso porque lo abordé con “Help meeeeeeeeeeeeeeeee” cuando lo oía salir de casa. El caso es que (de esto me he enterado a posteriori, conste) una de las normas del edificio es esperar a que venga el técnico a sacarte y no molestar al personal. Cosa que me he pasado por alto con mis reiterados grititos de “help me, help me”. ¡Qué ridícula me siento ahora! ¡Menos mal que no ha salido nadie! Al fin y al cabo, sólo era un ascensor 😦

Pero, “y si esto en lugar de con seis meses y medio de embarazo me llega a ocurrir a los ocho, o nueve, o…Y si me pusiera de parto??? ¿Y si se cae el ascensor? ¿Y si cierra la guardería y Vega se queda allí sola esperando a que mamá llegue a buscarla?, y si…, y si…, y…” . Pues sí, todas esas tonterías, o no, ha pensado mi cabecita en 50 minutos. Ha sido inevitable. Así que he vuelto a llamar a la central y he presionado hablando de mi estado. Ha surtido efecto 🙂 Diez minutos desde la segunda llamada y ya había un técnico en la puerta que me ha sacado en un santiamén.

Pero lo que sin duda ha conseguido no sacarme de mis casillas en esos 50 minutos ha sido el poder de las nuevas tecnologías. Menos mal que mi móvil tenía cobertura y que pude contactar con Álvaro, que llegó a verme a través de la ventanilla del ascensor y pudo ir corriendo a por la pequeña. Y cómo no, las súper mamás de mi ‘Círculo de Maternidad’ danés que estuvieron al pie del cañón haciéndome pensar en otras cosas, mucho más divertidas, y dando ánimos 🙂 Una vez en casa, al releer la conversación de whatsapp no podía dejar de reír. Porque de cada situación, mala o buena, se saca algo positivo. ¡Gracias chicas!

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¡Qué distinto se ve todo una vez fuera!

Una vez fuera, me despedí rápido del técnico y fui a dar el encuentro a mi pareja preferida 🙂 Eso sí, mientras ellos tienen claro que lo de hacer piernas lo dejan para la bici…

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Yo he decidido plantearme un nuevo propósito para este 2015: volver a las escaleras. ¡A ver cuánto me dura el intento!

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¡Hasta la próxima! Que será pronto 😉

De vuelta a la normalidad

Bienvenido, 2015! Unas palabras que llegan con algo de retraso pero es que éstas han sido unas vacaciones algo atípicas, más largas de lo habitual. Creo recordar que la última vez que disfruté de tanto tiempo libre por estas fechas fue cuando estaba en el colegio, y de eso ya hace bastante. Así que, disculpad la ausencia.

Ya en casa, retomamos el ritmo y la rutina, una palabra a veces con connotaciones negativas pero que a mí me da la vida. Creo que estoy programada para seguir un orden y no salir de él, es así como me he sentido cómoda siempre, con un horario, con un saber qué hacer, aunque luego lo cambie y no lo haga, pero al menos tener planificado el tiempo. Puede llegar a ser agobiante para quien tienes al lado, cierto, pero a mí me ayuda a llevar el timón, sino de mi destino, al menos de mi día a día. Y a Vega le ocurre igual, así que estamos encantadas de volver a casa y a las costumbres ya instauradas 😉

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Lo cual no quita que echemos de menos todo lo que nuevamente queda atrás. Han sido unas vacaciones con el sol y el buen tiempo como protagonistas, con viajes en coche, con visitas y abrazos necesarios, con risas con los de siempre, con buenos ratos de esos que te hacen ver que pocas cosas han cambiado (aunque quizás nosotros sí lo hayamos hecho), con la familia,…

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Un tiempo en el que hemos recargado las pilas y que ha servido para volver con más fuerza al invierno danés, que por cierto, de momento, se está portando bastante bien; y que además nos ha dejado estampas como éstas…

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Paisajes grabados en nuestra memoria desde que tenemos uso de razón y que ahora también forman parte del pasado, el presente y quién sabe si del futuro de Vega. Tres semanas en las que también hemos instaurado algunas tradiciones en nuestra pequeña familia; días de saludos y despedidas, de ver cómo la vida cambia y nos cambia, cómo te lleva por caminos que creías no llegar a pisar jamás y cómo nunca es tarde para afrontarlos, tengas la edad que tengas. Porque lo que toca es seguir y aprender de lo que venga.

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Primera sesión de cine para la enana. Todo un éxito 😉

Y como todo lo que empieza también acaba… viaje de vuelta a casa. La morriña puede llegar a ser muy dañina y tanto tiempo fuera no es bueno, ¡mira que nos lo dijeron!. Pero el regreso hacía falta y es que, como decía, necesitamos recuperar nuestra rutina, y tras seis meses aquí podemos decir eso de ‘home, sweet home’. Además, cuando a la vuelta se disfruta de un Enero generoso todo es mucho más gratificante.

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Así que la peque vuelve a la guardería, con sus amigos, su profesoras, sus juegos y su aprendizaje; el papá anda entre el despacho y el laboratorio, y yo retomo mis clases de yoga en breve (estoy deseando :), vuelvo a las tazas de té calentito, a editar y descubrir, e inicio nuevos retos para este 2015. Un año al que le teníamos muchas ganas, y es que si 2012 cambió nuestras vidas para siempre, éste no va a ser menos. Ya va faltando poco 🙂

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Un 2015 muy esperado 🙂

Nos leemos en unos días!

Abrazos

God Jul :-)

No mentían quienes nos aseguraban que la Navidad en Copenhague merece la pena, y mucho. La magia no ha dejado de acompañarnos desde hace un mes, cuando ya pudimos disfrutar de los primeros mercados navideños y decoraciones a base de luces, estrellas y corazones. ¡Ah!, y Julemanden por todos lados (entiéndase, Papá Noel o Santa Claus). Este año nos preparamos para despedirnos de estas fechas en Dinamarca y seguir festejando en España con la familia, así que será en otra ocasión cuando profundicemos más en las mismas. Aunque, ¿quién podría quejarse?. Por fortuna, hemos podido sacar el jugo a cada experiencia.

Colocar el árbol de Navidad fue nuestro primer cometido. Si hasta ahora solíamos hacerlo en el Puente de la Inmaculada, en España, en esta ocasión era mediados de Noviembre cuando ya contábamos con el mismo. El reto estuvo en encontrar uno artificial con el objetivo de que nos durase varios años, cuantos más mejor. Tras encontrarlo (demasiado grande y nada barato), comenzaron a instalar en las calles los mercados de árboles de Navidad naturales. Todos ellos preciosos, de distintos tamaños, precios, procedencia y variedades (de pino y abeto). Al parecer, existen granjas de árboles de este tipo, donde son cultivados específicamente para su uso en estas fechas y una vez que terminan las mismas son reciclados. Tal vez otro año, cuando hayamos amortizado el artificial, nos decantemos por esta opción. De una u otra manera, con el elemento fundamental en casa ya podíamos comenzar con la decoración. Los cachivaches habían venido con nosotros en la mudanza así que pasamos toda una tarde de domingo sumergidos en ese ambiente festivo, con sus correspondientes villancicos de fondo 🙂 Una tarea que, entre todos, fue mucho más divertida.

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Preparados para montar el árbol
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Con su ayuda siempre es mejor
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Su toque final que no falte, nunca 🙂

Pero no sólo el árbol se ha hecho un hueco en nuestro salón. Estamos en Dinamarca y, como manda la tradición, también nosotros tenemos a nuestro particular Julemanden acompañado por velas y luces.

Y para completar la estampa, en la puerta de casa nos han colocado una pista de patinaje sobre hielo que además es gratuita. Tan sólo hace falta tener el calzado y lanzarse a ella. Para los más pequeños puedes conseguir los patines gratis en el quiosco que la Kommune del barrio tiene instalado en el parque. En él, hay de todo para el disfrute de los más niños, desde bicis y triciclos hasta juegos de mesa, libros o ayuda personal para hacer los deberes.

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Pista de hielo para todos
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Porque en invierno también hay diversión

Pero ni la pista, ni los patines, ni siquiera el columpio consiguen llamar la atención de la pequeña Vega si frente a ello encuentra un buen montón de nieve.  Está deseando que caiga una buena nevada para poder hacer su primer muñeco, así que a ver si en Enero hay suerte.

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Nieve o hielo, ¿qué más da? 😉

Sacarla del juego de bolas de nieve (casi hielo) resulta pues complicado, incluso sabiendo que el motivo es una visita a Tivoli para disfrutarlo con la decoración y ambiente navideño. Con esfuerzo y algún que otro truco fuimos capaces de alcanzar el destino deseado una fría mañana de Diciembre. Todos juntos en la Nihola (había pocas ganas de pedalear, qué se le va a hacer 🙂

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Donde caben dos…caben tres

Precioso. Atravesar la puerta principal y creer estar en un cuento de Navidad, así es Tivoli por estas fechas. Puestos decorados con exquisito gusto, tiendas de regalos o comidas típicas, restaurantes, atracciones, juegos para niños, lagos de ensueño, trineos en los que poder descansar y comer algo, árboles de Navidad por doquier … La experiencia mereció la pena.

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Tivoli también en Navidad, cómo no 🙂
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Atardeceres con magia
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La nieve, también la artificial, le apasiona

Pero… y es que siempre lo hay…el barullo de gente era desmesurado, al menos para mí que me agobio fácilmente. No sé si denominarlo defecto pero al menos sí es un inconveniente en determinadas ocasiones (como ésta o cuando en España tocaba hacer la compra en fin de semana, sobre todo en determinado centro comercial cuyo nombre me reservo), y creo que a Vega también le ocurre, así que habrá que elegir con más cuidado el día la próxima vez que nos vayamos a visitar un lugar de estas características.

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Sea como fuere, el resultado del trabajo que realizan en este Parque es impresionante, bien merece la pena una visita, o más de una porque la decoración -como creo haber dicho ya en algún post anterior- va cambiando según la fecha del año y pasear por sus jardines también tiene su encanto.

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La decoración navideña también incluía el suelo
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Los establecimientos de comida tampoco perdían detalle
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Rincones con encanto
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El buen gusto para decorar…

Y para completar las aventuras navideñas, cómo no resaltar la cena de Navidad que la International Mobility Staff de la KU organiza cada año para que los investigadores extranjeros de la Universidad tengan un acercamiento a la Navidad danesa y sus tradiciones, y para que se sientan como en casa. Sin lugar a dudas lo consiguen.

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Detalle del interior del Hovedbygningen
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Las paredes del Hovedbygningen están llenas de arte

Este año hemos podido ser partícipes de este evento y logran su objetivo. El sentir que se preocupan por ti e intentan hacerte sentir parte de su cultura y de sus vidas es algo de agradecer, y mucho.  Y cómo no, Julemanden no faltó a la cita con los más pequeños de la sala. Ilusión y regalos para todos.

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Muy atentos a la actuación musical
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Julemanden llegaba con regalos para todos
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Vega y su regalo de Navidad

Aún nos queda mucho por disfrutar y conocer de las Navidades danesas pero, como en todo, poco a poco. Ha sido un buen abrir de boca. El año que viene… más y mejor 😉

Hasta la próxima!!!

Una jornada en plena naturaleza

No estaba premeditado, lo prometo. En mi mente no cabía la idea de dejar mi país, mi ciudad, mis amigos y mi vida. Sí en mis sueños, claro. ¿Quién no fantasea con la idea de dejarlo todo? Pero en el fondo me gustaba nuestra vida. Hacer planes sobre el futuro incluía ampliar la familia, seguir trabajando en lo que me gusta, poder comprar una casa y viajar, viajar mucho. Pero casi nada de eso era factible con las circunstancias que había. Sin embargo, vuelvo a decir que ME GUSTABA MI VIDA. Pensar que mi hija podría crecer cerca de sus primos, de la familia, de los amigos tan necesarios, pasear por los lugares que formaban parte de mi historia y explicarle el porqué eran importantes para mí, enseñarle mi recorrido por el mundo…No podía imaginar que el destino nos tendría preparado algo muy diferente, una lección de vida. Qué ilusa pensar que podría ser la guía de una pequeña cuyo mundo es mucho más grande que el que limitan las experiencias de su madre. Ahora, juntos, vamos descubriendo los secretos que ese mismo destino tenía escrito para nosotros. Lugares que son parte de los tres, no de uno solo; momentos que quedarán en la memoria y el recuerdo porque nos han hecho más fuertes, y vivencias que nos cambiarán para siempre. Ahora puedo enseñar algo más a mi hija, a valorar pequeñas cosas de las que antes ni siquiera yo me percataba.

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Tiempo, preciado tesoro…

Los apoyos, las relaciones, las amistades… Todo seguirá donde estaba porque cuando el cariño es verdadero ni el mayor número de kilómetros de distancia es capaz de acabar con él. Hoy leí una frase que me encantó, y siento no saber de quién es: “la distancia impide los abrazos pero no los sentimientos”. Es inevitable no acordarse de vosotros día a día, de las llamadas, las visitas, los encuentros entre amigas, almuerzos o cafés de media tarde improvisados, los descansos en la puerta del trabajo … pero nada ha cambiado, o casi nada al menos. Por otro lado, hacer piña cuando estás fuera de lo que consideras tu casa (aunque el hogar esté donde se encuentre la familia) es fundamental. Eternamente agradecidos a esas personas que nos ayudan y nos hacen el día a día maravilloso. Todo es más fácil con esas clases de yoga, con los cafés saludables y los que no lo son tanto, pues van acompañados de un trozo de pastel 😉 , por las charlas tan necesarias y los encuentros de fin de semana… Será el sol, pero creo que es un buen momento para decirlo.

¡Sol que alimenta el espíritu!
¡Sol que alimentas el espíritu!

Y también hoy es un magnífico día para hablaros de nuestra visita a Dyrehaven, o parque de los ciervos en español. Hace ya un tiempo que tuvo lugar, y repetiremos seguro. Este precioso bosque se encuentra al norte de Copenhague, y en él viven en libertad miles de ciervos y gamos, árboles enormes y paisajes inmensos, preciosos. Además, junto a él se encuentra uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo, Bakken, del que disfrutaremos cuando llegue la primavera.

El parque es increíble y la oportunidad de disfrutar de la naturaleza única. Nosotros fuimos en bici hasta el centro de Copenhague y allí, junto a nuestro vehículo base, cogimos un tren que nos dejó justo a la entrada del parque. Hicimos el recorrido en bicicleta, aunque puedes hacerlo andando o a caballo si dispones de uno, también en carruajes que puedes encontrar allí mismo, con chófer por supuesto. Al pasar un restaurante que hay a la entrada, en el que todo huele que alimenta, giramos a la derecha y a partir de ahí a descubrir.

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Entrada a Dyrehaven, o Parque de los Ciervos.
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Descubriendo Dinamarca 🙂
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Porque el camino a pie también se agradece.

El parque es inmenso y verlo entero requiere mucho tiempo. Hicimos parte del trayecto en la Cargo Bike, parando para disfrutar de las vistas. Continuamente observábamos a los ciervos en su entorno, muy cerca de nosotros, tanto que impresionaba (a mí que soy un poco ‘cagueta’ me asustaba un poco, he de decir pero es una estampa digna de apreciar de cerca).

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Aquí uno de los ciervos.

Para el ‘frokost’ (aunque llevábamos zanahorias y comida en frío, los filetes empanados tuvieron más éxito)decidimos parar a la espalda del palacete que hay en el parque. Antes del almuerzo, estuvimos un buen rato disfrutando de las vistas: paisajes preciosos y cientos de gamos juntos.

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Al fondo se encuentran los ciervos y gamos.

Como os comentaba, y podéis comprobar (por la ropa de Vega, sobre todo), hace ya un par de meses que estuvimos en Dyrehaven, de hecho era Octubre pero no quería dejar de contar y revivir esta experiencia.

Cuando conseguimos que la pequeña, entusiasmada con las ramas, palos y troncos que encontraba por el suelo, nos prestara atención, fuimos a comer a la zona del palacete desde donde se puede ver el mar al fondo. Allí los niños corrieron, subieron pequeñas colinas y observaron ver volar cometas. Un estupendo lugar para pasar un día con buen tiempo.

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1Eso sí, correr detrás de la pequeña independiente de ‘strong personality’, como dice su seño, es agotador así que antes de las cuatro estábamos volviendo. Eso sí, nada de tren, a casita en bici. Más de hora y media pedaleando, ¡¿quién me lo iba a decir a mí?!. Con parada a medio camino para reponer fuerzas, claro. Con este panorama, llegamos a casa muy pero que muy cansados aunque la ruta, bordeando el mar y conociendo nuevos sitios, mereció la pena.

Espero que os haya ayudado a haceros una idea de cómo es este bosque. Hasta la próxima 🙂

Y llegó la Navidad…

Tres, dos, uno… Comienza el espectáculo más esperado del año. Señoras y señores, en Copenhague ya hemos empezado a celebrar la Navidad, y ¡cómo me gusta!. Aunque ya hace días que podemos ver balcones y casas decoradas con motivos navideños y muchas luces, ha sido este sábado 15 de noviembre cuando la ciudad ha dado la bienvenida a estas fiestas que, al menos en España, comienzan en Diciembre. Y no hablo de los centros comerciales o tiendas españolas en las que es cierto que desde Noviembre podemos encontrar productos de Navidad, entiéndase polvorones, mantecados, alfajores, árboles, adornos y similares. No, me refiero más bien al espíritu. A pesar de los años, de las ausencias, de la distancia… para mí la Navidad sigue teniendo su magia, y aquí no hay Ángeles pero sí  Duendes y Hadas, que lo hacen todo aún más mágico.

A las cuatro de la tarde del sábado, cuando ya había oscurecido (aunque no era noche cerrada) disfrutamos junto a unos amigos de nuestro primer encuentro con un Mercado de Navidad danés. El situado en Kultorvet es pequeño, pero se basta y se sobra para hacer pasar a sus visitantes una agradable tarde de invierno. Bueno, de otoño en este caso 😉

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Mercado de Navidad en Kultorvet.
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Un lugar donde encontrar complementos de abrigo para el invierno.

A nosotros nos ayudó a cumplir varios de los objetivos pendientes. El primero: por fin tengo chaquetón para afrontar el frío. Y es que en estos días ya se va notando que las temperaturas siguen descendiendo. Lo hacen progresivamente, casi para que no nos demos cuenta, pero no cuela… En fin, que ya tengo mi abrigo. Uno de los puestos del mercado era de chaquetones de invierno de outlet, de la marca Geographical Norway. Rebajado, mucho. Unos amigos lo tienen desde el año pasado y están bastante contentos así que es nuestra apuesta. Quizás para el mes de Febrero pueda dar alguna referencia más, pero de momento estoy muy contenta.

Tarde navideña con amigos en Copenhague.
Tarde navideña con amigos en Copenhague.

Y cumplida la tarea de la compra, disfrutamos de una bebida calentita en una de las tabernas o tascas o bares que montan en estos mercados. Álvaro optó por el Glogg, según sus propias palabras “versión nórdica mejorada del Gluhwein, delicioso”,  y yo me decanté por el chocolate caliente. Pero lo mejor fue probar los Æbleskiver, una especie de buñuelos rellenos de crema de manzana, que se sirven en caliente, espolvoreados con azúcar glas y acompañados con mermelada, a elección de cada uno.

Rico, rico, rico.
Rico, rico, rico.

Un mercado en el que también los pequeños tienen su espacio, porque no podemos olvidar dónde estamos. Un ‘Karrusel’ y un trenecito hacían las delicias de los niños, aunque no tanto de Vega. La pequeña vikinga quiso ser demasiado valiente y subirse sin compañía, pero a la segunda vuelta fue necesario parar el tren para que pudiera bajar. La pobre lloraba y lloraba porque la habíamos dejado sola, decía.

'Karrusel' navideño. La próxima vez habrá más suerte :)
‘Karrusel’ navideño. La próxima vez habrá más suerte 🙂

Pero no es el único mercado que pudimos visitar. Muy cerquita de Kultorvet, tomando la calle Købmagergade que está llena de tiendas, de luces, museos y puestos de almendras calentitas, llegamos a Højbro Plads.

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Detalle de la decoración de las calles en el centro de la ciudad.
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Corazones y estrellas que alegran cuando miramos al cielo.

En esta plaza hay otro ‘Christmas Market’, algo más grande, con algún puesto más variado de comida y otros dedicados a decoración navideña.

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Las luces con forma de estrella son típicas en esta época del año.
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A las puertas del mercado navideño de Højbro Plads.
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Pasear por estos mercados no se hace complicado a pesar de la cantidad de gente que allí encuentras.

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Incluso un puesto de churros!! Sí, sí, Spansk Specialitet, aunque de españoles tienen poco, nada que ver con los nuestros, con los de verdad. Yo, en Copenhague, me quedo con los Æbleskiver. Los churros los tomaremos en Diciembre, en la Plaza de las Flores 🙂

Pueden estar bien, pero no es lo mismo :)
Pueden estar bien, pero no es lo mismo 🙂

Con churros o sin ellos, lo cierto es que encontramos una gran variedad de productos y es que la oferta es amplia en estos mercados. La estampa es diferente de la que estamos acostumbrados a ver, y eso no lo hace ni mejor ni peor, pero sí especial, y siendo sinceros es muy pero que muy bonita, sólo falta la nieve para que parezca una postal. Y con mi abrigo nuevo no se nota el frío 🙂

Tras una tarde así, quién podría resistirse…ya hemos comenzado con la decoración en casa, donde no faltan las velas y nuestro Papá Noel nórdico. Ah! Y la tableta de Suchard, cortesía de la abuela, para poner la nota española a estas Fiestas 😉

Nuestro Papá Noel nórdico ya preside el salón.
Nuestro Papá Noel nórdico ya preside el salón.
¡¿Qué son unas Navidades sin él?!
¡¿Qué son unas Navidades sin él?!

Ahora sólo queda esperar a que el Tívoli vuelva a abrir sus puertas con el mercado de Navidad más espectacular de Copenhague. ¡¡¡Qué ganas!!!

Un abrazo a todos.

Los colores de Octubre…

El otoño en Copenhague nos está dejando momentos e imágenes para recordar. Por fortuna estamos disfrutando de una semana en la que el cielo blanco nos ha dado una tregua y ha vuelto a lucir el sol. Las temperaturas son bajas y se nota el frío del Norte, pero el tiempo se está portando bien y eso nos anima. ¡Desde luego no es lo mismo salir a la calle cuando brilla el sol que hacerlo bajo un cielo blanco espeso que parece estar a punto de engullirnos en una niebla eterna!, así que con luz es cuando más nos apetece salir porque todo es más cálido, más bonito… o al menos para mí. Pero claro, no podemos limitarnos a parar nuestra rutina cuando el tiempo se tuerce así que haga frío, llueva o truene hay que seguir planeando cosas.

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En cualquier momento las nubes dan paso al sol

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El último fin de semana de octubre hizo malo, mejor dicho… regular, pero decidimos salir a la calle.Teníamos pendiente conocer el ‘mercado de cristal’ que hay junto a la parada de metro de Nørreport. Su nombre es Torvehallerne. Yo había estado desayunando allí una mañana pero Álvaro aún no lo conocía. Es un lugar que nos ha encantado a los dos, de hecho ya hemos repetido. Tiene dos espacios diferenciados, uno dedicado más a repostería y cafés y otro a picar algo con mucho gusto. Además, encuentras pescadería, charcutería con gran variedad de productos -incluidos nuestros jamones- y chocolaterías. La primera vez nos decantamos por comprar unos bocadillos y tomarlos en una de las mesas del exterior. Junto a ellas hay una especie de hogueras que encienden cuando llega el frío de verdad. La pequeña se había quedado dormida en su guarida así que no pudimos pasear por el interior del mercado.

Fachada principal del 'mercado de cristal'
Fachada principal del ‘mercado de cristal’

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Primera visita a Torvehallerne
Primera visita a Torvehallerne

En el centro de la plaza , entre las dos cubiertas de cristal, hay algunos puestos al aire libre donde vuelven a verse los colores del otoño 🙂 Jamás habíamos visto unos pomelos como los que allí encontramos, del tamaño de un melón.

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Puestos variados en el exterior de la plaza
Puestos variados en el exterior de la plaza

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Almendras garrapiñadas y demás manjares. Conozco a alguien que no se podría resistir 🙂
La segunda vez que decidimos tomar algo en Torvehallerne, habíamos llegado al centro caminando después de nuestra clase de Yoga en Familia (clase que terminé practicando sólo yo, padre e hija decidieron que nada de ejercicio esa mañana de domingo).

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Vega se quedó dormida pero esta vez en su cochecito así que aprovechamos para sentarnos en una de las pequeñas tascas con encanto de este lugar. Se llama Le Petit y es francesa. Con unas mesas altas y taburetes, pedimos un plato de quesos variados para dos y el sandwich de la casa. Todo el mundo lo pedía así que no quisimos quedarnos con la curiosidad, y menos mal porque estaba exquisito. Todo acompañado por un Cabernet Sauvignon para Álvaro y agua para mí 😦 Pero fue una magnífica comida. Eso sí, no pudimos evitar acordarnos de la taberna Casa Enrique, en la Acera del Darro, de Granada. ¡Cuántos buenos momentos! Un lugar sin duda mágico al que no podéis dejar de ir siempre que estéis en la ciudad nazarí.¡Y no olvidéis pedir un plato de mojama con tomate natural!.

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Le Petite, gran sitio
Le Petit, gran sitio

Y es que el Otoño está siendo muy bonito. Es estupendo poder disfrutar de cada estación del año – sé que ya lo he dicho en algún post anterior pero es que es la realidad-. Sin ir más lejos, hace unos días, en el jardín trasero de casa, Vega descubrió: “champiñones, mamá”, dijo, y no iba desencaminada 😉 Las setas aparecieron hace ya algunas semanas. La enana se sorprendió, y yo también, siendo honesta. Hasta el momento habíamos visto alguna seta aislada en España, y bastante más entrado el otoño. Nunca esta imagen preciosa…

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La setas aparecieron en el jardín de casa
La setas aparecieron en el jardín de casa

Las hojas de los árboles han cubierto las calles, los parques y las carreteras y cuando sopla el viento es un bonito espectáculo verlas volar, de hecho Vega no se cansa de decir que le encanta el viento porque las hojas caen y su pelo se mueve. Ella es sin duda quien hace aún más especiales estos momentos. Las hojas que aún quedan en las copas de los árboles tienen distintos colores y formas, sería necesario llevar la cámara de fotos encima para no perder detalle.

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Imágenes de un otoño diferente :)
Imágenes de un otoño diferente 🙂

Los pequeños aprenden a diferenciar las estaciones por lo que ven a su alrededor y por cómo se lo explicamos en casa y en la escuela. En la Vuggestue hacen continuamente trabajos manuales. Uno de los más recientes consistía en salir al parque y buscar hojas bonitas para hacer un mural. Este fue el maravilloso resultado de la peque que, orgullosa de su hazaña, me mostró su trabajo colgado en una de las paredes del centro. Allí sigue, y cada mañana nos paramos a verlo.

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Su gran obra de arte. Sólo una de ellas…

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Otra de nuestras salidas, cuando el cielo aún estaba cubierto, fue al Museo Nacional o Nationalmuseet, pero tendremos que repetir porque no pasamos de la zona de museo para niños. Es genial, nos divertimos mucho porque es muy práctico, el niño aprende formando parte de la historia. Hay un barco vikingo en el que la pequeña lo pasó en grande, pueden probarse los ropajes de distintas épocas -tanto pequeños como grandes :)-, jugar en la tahona, subir a caballo, preparar las comidas típicas o pelear espada y escudo en mano.

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Disfrutando como niños, todos, en el Nationalmuseet de Copenhague
Disfrutamos como niños en el Nationalmuseet de Copenhague

Fue una bonita experiencia que, como digo, habrá que repetir. La diversión de la jornada continuó en el exterior del Museo donde los charcos se convirtieron de nuevo en los mejores amigos de Vega.

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Nunca sabes dónde puede estar lo más divertido
Nunca sabes dónde puede estar lo más divertido de la jornada

Y de repente, a la mañana siguiente salió el sol y no tardamos en lanzarnos a la calle. Eso sí, un frío que pela y se hace de noche a las cinco y poco de la tarde. Pero como se trataba de aprovechar el día, nos dirigimos a un lago que tenemos cerca de casa. Allí, a la orilla nos sentamos en un banco y contemplamos las vistas. En mitad de la ciudad encontrar tesoros como éste, ¡es una gozada!. Parece que estás en otro lugar, mucho más lejos, y a tan sólo diez minutos se encuentra tu casa.

Una manta siempre a mano, viene bien ;)
Una manta siempre a mano, viene bien 😉

Pero como tener a Vega sentada contemplando las vistas no es algo que pueda alargarse mucho (y hacía un frío terrible con la brisa que venía del agua), nos dirijimos un poco más adelante en busca de un parque infantil. Y ¡Voilà!, ahí estaba. Éste nos ha gustado mucho, en mitad del campo, un lugar en el que los niños desarrollan habilidades físicas porque el equilibrio es fundamental para poder disfrutar de las cuerdas, columpios y especie de tirolinas que encontramos allí.

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La ruta de los parques infantiles... Algún día en el Blog :)
La ruta de los parques   infantiles. Algún día en el Blog:)

Y cómo cambia el ánimo, amig@s!! Desde entonces llevamos una estupenda semana de solecito, de una luz muy especial, de cafés y paseos conjuntos, de parques por las tardes…Octubre ha finalizado dejándonos un estupendo sabor de boca, y así ha comenzado Noviembre… lanzando buenos deseos al cielo para nuestros seres queridos, en la Noche de los Difuntos.

Parece que el trineo, de momento, tendrá que esperar. Buena semana 🙂

Buscando formas en las nubes…

Hola de nuevo!!

¿Os parece si hoy hablamos de nubes? Tranquilidad, ¡que no cunda el pánico!. No me he vuelto loca -todavía-. Hablamos de nubes, sí, pero no sobre su posible olor o color, como mucho intentaremos buscarles forma. Puede parecer extraño, pero lo cierto es que si hay algo que no ha dejado de llamarme la atención desde que llegamos a nuestro nuevo hogar ha sido su cielo. Y si hace unos meses lo hacía por la inmensidad de su azul y la preciosidad de sus nubes, hoy todas ellas juntas forman una única gran mancha blanca, desde por la mañana hasta por la noche, y eso también me sorprende.

Nubes que dan un toque mágico al cielo
Nubes que dan un toque mágico al cielo y   Estrellas que ponen la guinda en la Tierra

Nubes de todos los tamaños y formas. Tanto es así que para Vega son “ovejas en el cielo”, ¡así que imaginad lo esponjosas que parecen! 😉 La primera impresión me trasladó de nuevo a casa, a mi primera casa, Cádiz. Allí siguen estando mis raíces y la familia, pero he de reconocer que ‘mi casa’ la dejé en otro lugar, aunque la tierra tira y mucho. En fin, será por ser de costa que este cielo me recordó al de la Tacita, a la Isla, a las tardes de verano en el Faro de Trafalgar, a los paseos por la interminable Bolonia, me devolvió también olores que creía no poder encontrar más que allí, y con ellos la sensación de libertad. Un cielo en el que no parecía haber barreras (cuando conoces la ciudad descubres que alguna hay, pero mínima), inmenso y azul. Un espacio abierto en el que la claustrofobia, que a veces me invade, no tenía cabida.

Cuando volví a San Fernando, después de terminar la carrera, pasar por otros estudios y empezar a trabajar en Cádiz, me compré un coche, mi Micra. Cuando necesitaba salir, respirar y coger aire, recuerdo que juntos nos íbamos a Camposoto, a pasear. No importaba si era verano, otoño o invierno. Al llegar aquí y visitar una de las playas más cercanas del centro, pensé  “¡ya tengo lugar al que venir cuando me pierda!”. Pero…no tengo a mi Micra, y lo de ir en bici está bien aunque, creo que ya lo he dicho, soy de naturaleza perezosa para hacer ejercicio, así que esperaré a no encontrarme de verdad para volver a visitar la playa a solas.

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        Ese cielo azul inmenso del Sur.
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          Atardecer en Zahara de los Atunes.
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                     Atardecer en Cádiz.

En Agosto y Septiembre era fácil pues encontrar maravillosos paisajes en el cielo; paisajes creados por nubes. Fuéramos donde fuéramos me quedaba embelesada mirando hacia arriba. A la pequeña parece que también le gusta eso de observar el cielo, tanto de día como de noche… es lo que tienen las Estrellas. En el parque, en la playa, desde casa, cualquier lugar es bueno para deleitarse.

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              Vistas del cielo desde casa.
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   A los pájaros también les gusta el calorcito.
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    Un cielo salpicado de blanco en las tardes.

Y si no, que se lo digan a los buenos amigos que nos visitan y para los que tampoco pasa desapercibida la belleza de este cielo.

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     Pocos pueden resistirse a fotografiarlas.       
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          Imposible no mirar hacia arriba.

Pero claro, no todo es color de rosa, ni el azul del cielo eterno. Llegó Octubre y con él se fue marchando la luz. Una mañana, al despertar, mi compañero me preguntó “¿qué tal el tiempo?”, “el cielo está blanco”, respondí. Su cara fue un poema y al gesto extrañado le siguió una sonrisa, junto a otra pregunta: “¿eso qué quiere decir?”. Pues exactamente que estaba blanco, ni azul, ni gris, ni oscuro… BLANCO. Y así continúa. De vez en cuando se ve el sol, algo de claridad, aunque poca, seamos sinceros. Y sí, puede llegar a afectar al estado de ánimo, no ver el sol se hace duro, pero hay que buscar alicientes, porque lo cierto es que a partir de ahora nos quedan unos meses de oscuridad. Aunque, para quien no está acostumbrado a ver este tipo de cielo, también es una experiencia.

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                                    Se avecina tormenta.

Al fin y al cabo, qué es la vida si no nos dejamos sorprender por lo que vemos. Y si lo hacemos acompañados por los pequeños de la casa es mucho mejor, descubres que tu capacidad de asombro continúa viva, quizás sólo un poco dormida, pero ellos son especialistas en despertarla. Yo seguiré mirando al cielo, nunca se sabe cuándo puede pasar una Estrella Fugaz.

Feliz semana 🙂

La vida sobre tres ruedas y cómo no perder el equilibrio

Dicen que cuando todo va sobre ruedas es que las cosas marchan bien… Bueno, pues precisamente de ruedas hablamos hoy en este post 😉 Tal y como os prometí en el anterior, tocamos el tema de la movilidad en esta ciudad, donde hay más bicicletas que personas, y no es de extrañar dado que todo turista que llegue necesitará usar el medio de transporte por excelencia en Copenhague. Cierto es que los autobuses funcionan con bastante puntualidad, el metro es perfecto para moverse, y si lo preferimos tenemos el tren, pero el precio del billete para cada uno de estos medios es bastante elevado. Moverse en coche no parece complicado pero descartamos el tema en cuanto supimos lo que nos costaba llegar acompañados por el Micra o el Picasso. Hacer ejercicio y contribuir al cuidado del medio ambiente, además de ahorrar unas buenas coronas danesas, nos pareció desde el principio la mejor opción. Así que el Picasso espera nuestra vuelta a España vacaciones tras vacaciones, con los mejores cuidados posibles, y mi pequeño Micra pasó a mejor vida. Ahora recorre Granada en otras manos. Deshacerme de él dolió. “Sólo es un coche”, sí; pero es mi coche, o era mejor dicho. Símbolo de mi independencia, de mi madurez, de la superación de muchos miedos, era lo único ‘sólo mío’ que me quedaba y ya no está… Siete años que quedan en el recuerdo. No sé si volveré a tener un Micra alguna vez, pero estoy segura de que mi próximo auto debe parecérsele.

Dicho esto, mandamos nuestras bicis, con todo aquello imprescindible, en el camión de la mudanza: Granada-Fuengirola-Copenhague. Y así fue más fácil adaptarnos al ritmo de vida danés. Hacía tiempo que no usaba la bicicleta, y aunque es verdad que no se olvida, hacerse a los semáforos, señales, gestos y rutas puede conllevar unos días. ¡Es genial ir por llano! Aquí apenas hay cuestas o subidas, y las que existen, a excepción de alguna, son muy pero que muy llevaderas. Así que utilizar la bici rosa a diario se convirtió en lo más normal del mundo y buscar ropa adecuada para ello también.

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                                                 La autonomía es importante para todos 🙂

Eso fue hasta que comprobé que aquí lo de ir en bici y a la última es totalmente compatible. Para mí el término bicicleta, hasta entonces, había ido acompañado por el de ropa de deporte. Sin embargo, la cosa es totalmente distinta cuando comprendes que no vas a hacer ejercicio sino a trasladarte de un lugar a otro, así que las faldas, las medias y los tacones son prendas que se ven y mucho sobre dos ruedas en Copenhague. He de reconocer que con las faldas ya me he atrevido pero lo de los tacones… voy a dejarlo para más adelante.

Preparadas, listas, Ya! A por la bici
                      Preparadas, listas, Ya! A por la bici

A pesar de nuestro intento por hacer vida danesa, había algo que fallaba. Yo no podía llevar a mi enana en la bici. Llamadme torpe, sí, pero todavía no he sido capaz de mantener el equilibrio si llevo a la pequeña sentada detrás en su silla. Esto era un problema añadido ya que sólo el papá podía llevarla y no siempre está papá, eso es obvio. Además, ver cómo se le caía la cabecita cuando se quedaba dormida en pleno trayecto daba bastante lástima. A todo esto le sumamos que el invierno en Copenhague es de los de verdad: el frío, la lluvia y la nieve no tardarían en llegar así que estaba claro que necesitábamos algo más que nuestras bicicletas. Y un coche no iba a ser.

Acostumbrarse a esto no es lo mío ;)
                                                Acostumbrarse a esto no es lo mío 😉

Opciones había muchas…tantas como marcas de bicicletas de carga -o Cargo bike- encontramos en la ciudad. Christianiabikes, Nihola, Bullit, Triobike, Bakfiets.nl,… y así muchas otras. Después de estudiar las características de cada una de ellas y el precio de las mismas, decidimos comprar la que nos pareció más manejable, cómoda y segura, bonita estéticamente y que mejor se adaptaba a nuestras posibilidades económicas. Cierto es que no se trata de una compra ‘barata’, y que barajamos la posibilidad de comprar una de segunda mano (mercado que aquí funciona estupendamente), pero nos lo planteamos como una inversión. Al fin y al cabo es nuestro medio de transporte, nuestro vehículo y, si en algún momento ya no la necesitamos o queremos cambiarla por otra algo más grande, siempre podemos revenderla.

"¿Es para nosotras, mamá?"
                              “¿Es para nosotras, mamá?”

Desde entonces, vemos la vida sobre tres ruedas 🙂 No voy a negar que cuesta deshacerse de la idea de bajar a la calle, sacar las llaves del bolso y entrar en el coche. Poner la calefacción y subir el volumen de la música. Pero nuestra Nihola se ha convertido en un elemento fundamental de nuestra vida. La pequeña va calentita, tapada y cómoda. Yo no pierdo el equilibrio y puedo incluso tomar un café mientras la manejo. Los días de lluvia toca aumentar el ritmo, pero cuando sale el sol podemos disfrutar de paseos en los que pararse a mirar es posible.

Recorrer la ciudad es ahora más fácil y divertido
        Recorrer la ciudad es ahora más fácil y divertido
Y a disfrutar de los paseos juntitas.
                        Y a disfrutar de los paseos juntitas.

A la playa, al centro, a los lagos o a pueblos de alrededor. Subirme en mi Nihola me hace sentir bien, porque entre otras cosas siento que por fin hago algo de ejercicio, muy necesario para mí, y es que si hay algo que me cuesta la vida es hacer deporte. Al menos ahora no me queda otra que pedalear. ¡Pues hagámoslo con gusto!

Feliz día 🙂

La suerte cambia como la Luna…

¡Hola aventurer@s! Hoy os propongo un paseo por la playa, ¿os venís?.

El proceso de adaptación a un nuevo país conlleva su tiempo, al menos para mí, con todo lo bueno y todo lo malo que pueda suponer. Por eso, al poco de estar en nuestro nuevo hogar, nos marcamos una visita a la playa. Mi olfato ya recogía el olor a mar, eso lo saben bien aquellos que son de costa. El aire huele diferente, y aquí gozamos de playa aunque no de mucho calor, pero no se puede tener todo, ¡me cachis!.

Lo primero fue llegar hasta Amager Strandpark. “15 minutos en bici”, eso me dijo mi querido compañero. No sé si convencido de ello o con la intención de no desanimarme, pero el caso fue que tardamos unos 47 minutejos en llegar hasta el destino. El paseo desde Frederiksberg fue agradable, todo sea dicho, aunque las manillas del reloj se movían muy lentamente y mis piernas iban notando el peso de mi enana, a la que llevaba en la bici.

"¿Hemos llegado ya?"
                                         “¿Hemos llegado ya?”

(En el próximo post os hablaré de la maravillosa Nihola, nuestro vehículo danés. Sí, he cambiado mi Micra por la ‘bici roja’, y aunque hacer deporte es lo más sano del mundo, y mis piernas lo agradecen, lo cierto es que extraño a mi pequeño escarabajo).

En fin, que me desvío del tema. Llegamos a la playa. Amager Strandpark es un precioso parque marítimo en el que puedes encontrar tanto zonas verdes como arena blanca. Goza de bandera azul y desde la playa se puede ver el parque eólico de Middelgrunden. A los niños les encanta. Era extraño… podía cerrar los ojos y sentirme en casa: pequeñas dunas de hierba, arena blanca, sol… aquello parecía Conil de la Frontera!! Y nosotros tan contentos. Al final se trata de hacer tuyos los lugares, y tu casa viajará contigo. Es genial porque así puedes tener tantos hogares quieras.

Jornada playera. ¡Había ganas!
                           Jornada playera. ¡Había ganas!

Nosotros fuimos un sábado de septiembre y el ambiente era tranquilo, había gente pero no en exceso. Incluso algun@s valientes se atrevieron a darse un baño, pero nosotros cumplimos quedándonos en bañador 🙂 Con eso ya éramos más que felices.

Porque los rayos de sol le alegran a uno el día :)
                Porque los rayos de sol le alegran a uno el día 🙂

Vega se pasó la mañana en la orilla cogiendo piedrecitas y lanzándolas al mar, no hay mayor ni mejor entretenimiento para ella, ni para nosotros el no dejar de mirarla. Ni siquiera cuando sonó la sirena del almuerzo, la pequeñaja hizo amago de acercarse. Y eso que en el picnic había tortilla de patatas y smørrebrød (pan negro con embutido). Pero ni por esas. Tuvimos que esperar un buen rato hasta conseguir que se uniera a la ‘mesa’. He de reconocer que está costando que nos haga caso. Los pequeños también notan los cambios, aunque a veces no nos demos cuenta y sean más fuertes que nosotros.

Almuerzo para un día de playa en Dinamarca
                Almuerzo para un día de playa en Dinamarca

Una vez con el estómago lleno decidimos emprender el camino de vuelta, aprovechando que nuestro pequeño terremoto comenzaba a estar cansada. La recogida se hizo mucho más llevadera, ya no había meta que alcanzar así que todo fue más relajado. Como primera toma de contacto no estuvo nada mal, aunque la próxima vez llevaremos los ‘avíos’ para hacer una barbacoa en la zona de césped. Ya veremos si volvemos antes de que el paisaje se vuelva blanco. Y si no, siempre podemos disfrutar de una buena comilona en un campo nevado. ¡Eso sí que será toda una experiencia!

Porque en la vida todo depende de cómo miremos. Todos tenemos a nuestro alrededor recuerdos positivos y negativos, fantasmas con los que luchar a diario, buenos y malos momentos, problemas que no sabes cómo resolver y alegrías que te despiertan una sonrisa y te dan fuerzas para seguir adelante y no tirar la toalla.  Con eso he intentado quedarme siempre, es lo que me da la fuerza, porque el destino y la vida son imprevisibles, “como el tiempo en Copenhague”. Por eso, si brilla el sol hay que salir a la calle a celebrarlo. Y es que … la suerte cambia como la Luna.

La chance change comme la Lune
                         La chance change comme la Lune

¡Hasta la próxima! 🙂

Aventuras y desventuras de una sureña en el norte

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