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Fabricando recuerdos

León ya sabe posar. Sí, ha aprendido sin que nadie le haya enseñado. Es verme pasar con el móvil en la mano, darse cuenta de que voy a hacer una foto y enseguida se marca una sonrisa acompañada de un ‘iiiiiiiii’ que cautiva, todo hay que decirlo, pero no es lo que quiero. Así que últimamente no hago más que desechar fotografías. Y no es que no me guste un posado porque a veces es necesario -de hecho tengo muchas fotos pensadas y preparadas (luego salen como salen, pero yo lo intento ;)- aunque prefiero, como diría el padre de las criaturas y mi compañero de viaje, “que tengan los deditos llenos de gusanitos” y cuanto más salvajes y llenos de chocolate mejor que mejor (añadido personal 🙂 🙂 🙂

En realidad es una forma divertida de verlo y llevarlo al extremo para echar unas risas porque el objetivo, mi objetivo, es captar su esencia. Sea cual sea.

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Aquí el enano me ha pillado 😉

Quiero poder recordar siempre quiénes son y cómo son cuando creen que nadie les ve, momentos que para ellos y para nosotros signifiquen algo importante y que al pasar el tiempo, cuando nos sentemos a revisar todas esas instantáneas recordemos qué hay detrás de cada una de ellas.

Como ese día, hace casi un año, en el que preparamos un cumple sorpresa para papá. La tarta, esta vez, no la hicimos nosotras. Dejamos esa tarea a expertos y fue todo un éxito, Vega quería chocolate y más chocolate y poder soplar las velas con papi. Lo mejor de aquella tarde, además del entusiasmo de la peque, la visita de los abuelos (justo a tiempo para desear un feliz cumpleaños al anfitrión y comer la tarta) y el poder celebrar un año más todos juntos fue sin duda su mirada, la mirada con la que una hija orgullosa mira a un papi genial. La foto no está encuadrada, el protagonista da la espalda a la cámara y faltamos muchos de los que estábamos…pero a mí me encanta.

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AMOR, what else?

O aquel día que nos subimos al camping de Güejar Sierra, cuando aún era el mes de mayo pero apetecía darse un buen chapuzón. León disfrutó muchísimo en el agua. Había poquita gente y estuvimos muy relajados, terminamos tomando algo en la terraza del bar y Vega jugó en el parque hasta que el sol dijo hasta mañana. Pero ese día también tuvo su momento gris. Parece que tanta vegetación no le vino muy bien a la pequeña fiera …

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Nuestra primera visita en condiciones a Fælledparken, en septiembre de 2016, quedará grabada en nuestra memoria por todo lo que sentimos, por las anécdotas vividas y en parte también gracias a la fotografía. La compañía, el sol, el picnic y el helado final que, en este caso, me zampé yo solita (y que pienso repetir en cuando el tiempo lo permita y el quiosco vuelva a abrir) bien merecen un recuerdo.

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Descalzarse y correr por este inmenso parque fue para ella una gozada

La hora del baño no suele ser la preferida de los niños, de los míos quiero decir. Pero si le echamos imaginación o ponemos la música a tope puede que la cosa cambie. El día que Vega me pidió quedarse en casa y no ir al cole porque se sentía mal pasamos parte de la mañana cantando Tómbola en la bañera (a la madre le gusta y a la hija se le ha ‘pegado’) y con fiebre por una faringitis. Ese día volví a sacar mi réflex del cajón de los recuerdos…

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Cuando al papi le llegó la foto me dijo, “ey, pero si tiene placas” 🙂 Y pobre, sí, las tenía!

Una vez desempolvada la cámara también hubo tiempo para el pequeño 🙂 Pero no, no esperéis al niño bañadito, con la cara limpia y repeinado que podría haber sacado esa foto ‘post baño’ sin problema, pero la versión ‘pre’ me gusta más.

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León y sus churretes de chocolate pasarán a la historia de esta familia 🙂

Cada 24 de Diciembre de mi infancia lo pasábamos en casa de mi abuela paterna. Al sonar las 12 de la noche apagábamos las luces y todos, sobre todo los niños, sosteníamos una bengala mientras algún adulto aparecía con la tarta de cumpleaños de mi abuela. Este año encontré las bengalas y lo hice muy lejos de Cádiz, lejos de la que fue su casa y de donde le cantábamos cumpleaños feliz . El 25 de Diciembre mi niña sostuvo esa luz que, estoy segura, llegó a donde tenía que llegar. Y a la foto, para que sea buena, le faltan y le sobran muchas cosas pero tiene lo fundamental para formar parte de nuestro álbum de recuerdos.

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Momentos, instantes y sensaciones hay miles y es imposible mantenerlas intactas y puras tal y como las vivimos en su día pero a mí me ayuda capturarlas, a veces incluso me sirve de terapia.

Ahora estoy segura de que su madre les parecerá un poco (o muy) pesada, todo el rato haciéndoles fotos, y si no es ahora lo será en breve (ya me estoy preparando para ese “ayyyy, mamá, no quiero más fotos”, que llegará, sé que llegará) pero mientras tanto aprovecho, aunque con este cautivador que nos ha salido tengo más difícil la tarea.

Y todo esto para decir que no me gusta que pose, aunque me enamora con su sonrisa 🙂

Feliz semana!

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Por un 2017 de sonrisas

Ahora que se acaba el año y que los balances inundan las redes me es imposible no escribir algo. Echar la vista atrás y decir cómo ha sido este 2016 que ya agoniza no me resulta sencillo, será por eso de la memoria selectiva que vamos desarrollando a medida que crecemos para poder seguir adelante (al menos yo he trabajado duro para ello y oye, me da resultado porque al final se trata de eso, de vivir).

Por eso me resulta difícil valorar este año. Supongo que podría decir que no ha estado mal, o que podría haber sido mejor, que pude hacer algo porque fuera diferente…no sé, el caso es que ha sido como ha sido y lo importante es que no podemos quejarnos. 2016 ha sido un año cargado de cambios, de risas, de llantos, de abrazos que reconfortan, de despedidas (hasta luego y algún que otro adiós), de reencuentros, de amistad, de sustos, de nervios, de virus, de crecimiento y aprendizaje, de rabietas, pesadillas y adaptación. Un año en el que las canas empiezan a reclamar su parte de terreno, los 33, la remontada…En 2016 hemos reforzado eso de que hay que dejar pasar para seguir viviendo, doce meses de replanteamientos, de reinvención. Abuelos, primos, tíos, amigos,… Un año de nuevo colegio y nueva guardería, de un nuevo idioma (o viejo conocido).Granada, Monachil, Cádiz, San Fernando, Tarifa, El Palmar, Copenhague, Valby…afortunados nosotros, muy afortunados. Y juntos, porque juntos es mejor.

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En fin, un año bonito, como casi todos y no se me ocurre quejarme, porque no tengo derecho, soy consciente de eso desde siempre y desde la pasada noche un poquito más. Os cuento, anoche como manda la tradición por estos lares la gente no dejaba de lanzar petardos, fuegos artificiales en cualquier punto de la ciudad (y miedo me da esta noche, la Noche Grande). Sería la una y media de la madrugada cuando desde la puerta de nuestro edificio empezó el espectáculo, con sus consiguientes reacciones en casa: sorpresa, enfado, llanto …pero sobre todo miedo. Los niños se despertaron con MIEDO, llamándonos asustados, y tuvimos que consolarlos, explicarles y abrazarlos muy fuerte. Al final, esta noche terminamos colechando (nada nuevo ni nada malo, encantados).

Fue fácil, pero yo no pude retomar el sueño de la misma manera. Tan sólo eran fuegos artificiales y estaban muertos de miedo. Y yo me preguntaba ¿qué sentirán esos niños que viven en mitad de una guerra o esos padres y madres? No sé qué es peor… Pero ese miedo nosotros no podemos sentirlo, quizás por eso no hacemos nada. Quizás por eso hay quien se atreve a juzgar y poner piedras en el camino de aquellos que tienen que abandonarlo todo, en mitad de la noche, con niños asustados a los que poco o nada les importa qué día es hoy.

Y como ‘parece’ que no nos importa porque ‘parece’ que no podemos hacer nada (entiéndase el modo ironía), hoy como cada 31 de diciembre nos tomaremos las uvas y brindaremos porque 2017 sea igual o mejor que éste, porque nos regale salud y muchas horas con aquellos a los que queremos. Y ojo! Yo brindaré y reiré, pero creo que si todos levantamos la voz es posible conseguir algo. Está claro que tenemos el poder de unirnos y pelear por lo que creemos, ejemplos recientes lo demuestran. Y estoy segura de que estamos convencidos de que lo que ocurre en Siria debe acabar ya (entre otros muchos horrores de este mundo nuestro).Seguro que entonces 2017 sí sería mejor que 2016, un año para muchos repletos de tinieblas, de guerra, de sufrimiento, de pasividad,…

Lo que ocurre ahora es historia contemporánea, lo estudiarán nuestros hijos y no sé qué responderemos cuando sus preguntas nos hagan sentir vergüenza. Por eso, nadie sabe qué sorpresas nos deparará 2017 pero sí cómo queremos afrontar nuestra vida.Yo no quiero sentir más vergüenza así que a partir de mañana en esta casa trabajaremos para hacer algo más que levantar la voz de vez en cuando por aquello que no nos parece justo.

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Ellos son el presente y el futuro. Los de aquí y los de allí, todos.

Por lo demás, no aspiro a grandes planes porque luego va la vida y te los cambia (al menos conmigo lo hace a menudo). Pero sí tengo objetivos, claro. Algunos los dejaré para mí pero otros los comparto, así si no los cumplo estáis autorizados a regañarme, y son: intentar ser menos cascarrabias (la edad a mí no me ayuda en eso jeje), trabajar más la paciencia y escribir regularmente en este blog que tengo abandonado. Lo de hacer ejercicio lo convalido por el uso de la bici como medio de transporte 🙂

Que disfrutéis de esta noche y de todas las noches de vuestra vida. Un 2017 cargado de salud para todos :*

 

Hace casi 4 años…

Yo no quería tener hijos. O tal vez sí. En realidad era algo que sabía que al final desearía pero nunca estuvo en mis planes más inmediatos, como sí lo estuvieron otras cosas. Quería volar, viajar, alcanzar muchas metas -las cercanas, las del medio y las más lejanas-. Todo lo habido y por haber quería. Todo, menos formar una familia, no al menos a corto plazo: “para tal responsabilidad hay que estar más que preparado, ser mínimamente estable económicamente, ser fuerte, dejar a un lado los sueños, los planes, olvidarse de vivir el presente y tener la mente en el futuro”…. Todo eso creía yo que era ser mamá, algo así como renunciar ¡para qué engañarnos!. Sin embargo un día, allá por 2010 todas esas prioridades, sueños y metas cambiaron de golpe. Después de años de seguimiento y tratamiento llego el NO, el tan temido NO. Y ¿no os ha pasado que cuando os dicen que no podréis conseguir o tener algo es cuando más lo anheláis?. A mí me dijeron que me olvidara de ser mamá -mamá biológica, digo- y fue entonces cuando me asaltaron los porqués: por qué yo no puedo, por qué he esperado, por qué a mí… Esas cosas que nos preguntamos cuando no vemos la salida sin darnos cuenta de que hay otras soluciones. Entre preguntas sin respuesta, altibajos y noches en vela, mientras el proceso médico seguía su curso, nos pusimos a barajar esas otras posibilidades de dar amor, que son muchas y necesarias. Pero pese a todo pronóstico, el resultado de la cirugía salió perfecto, algo que ni los mismos médicos podían imaginar (a veces la ciencia es caprichosa para bien). Tampoco yo lo creía. Tardé meses en hacerme a la idea de que ese 99% de negatividad se había convertido en un porcentaje positivo. Era hora de intentarlo, de buscarte.

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                                     [Foto realizada por el abu hace 4 años 🙂 ]

Y aquí estamos. Hace casi 4 años conocí a mi persona favorita, la que me enseñó que sí hay cosas y sentimientos eternos, la que dio sentido a la palabra ‘SIEMPRE’. Hace casi 4 años llegaste a nuestras vidas, a la mía, y contigo todo lo bueno que ni siquiera podía llegar a imaginar. A tu lado he aprendido que ser mamá conlleva una renuncia que asumo gustosa: la de dormir poco o nada, reducir el tiempo de descanso, limitar los momentos de soledad -soy de esas personas a las que les gusta estar sola de vez en cuando, qué le vamos a hacer-, asustarme por casi todo… Pero aunque sarna con gusto no pica también contigo he sido testigo de otra realidad que afecta a las mujeres, algo que ha sido así desde el inicio de los tiempos y que por desgracia avanza a pasos de tortuga. Es algo injusto y que no imponéis vosotros, los hijos. Hablo de la renuncia de las mamás a la vida laboral, a medrar, a seguir creciendo profesionalmente … No es obligatorio, claro, pero hoy en día si eres madre y quieres ejercer como tal el tiempo necesario para tus hijos y para ti…la cosa se complica, al menos si trabajas para ‘alguien’.

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                              [SIEMPRE, qué gran palabra y qué gran suerte la mía]

Y he aquí el problema, ya que si decides trabajar por cuenta propia-montar un negocio- tampoco encuentras el apoyo necesario ni suficiente. Así que hoy, a casi 4 años de tu nacimiento, con un nuevo camino por delante y después de habérmelo pensado mucho he de decir que sinceramente, me da igual quién gobierne este país, no me gustan las siglas ni los colores y llegados a este punto la palabra de quien ostenta el poder vale muy poco para mí; el trabajo y las metas profesionales cambian de posición en la lista de prioridades en el momento en el que tienes un hijo, es así para todas aquellas que somos y nos sentimos madres (también para los padres, pero hablo desde mi posición), sin embargo el hecho de renunciar es algo que no elegimos y a lo que no queremos hacer frente, al menos yo no estoy dispuesta, ‘yo no renuncio’. No es ningún secreto que en este nuestro país una mujer lo tiene muy complicado si quiere -¿cómo es eso tan de moda? ¡Ah, sí!-: CONCILIAR, o lo que es lo mismo sentirse completa, ver crecer a sus hijos al tiempo de seguir disfrutando de su trabajo y haciendo prosperar a su país.

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Así que sólo espero, señores gobernantes, que cuando mi hija sea madre (si quiere) no tenga que renunciar a seguir creciendo como profesional, que no sea necesario pedir una reducción de jornada, con su correspondiente reducción de salario, para poder ver y criar a sus hijos, que los horarios y las jornadas continuas están establecidas en otros países y FUNCIONAN, que la baja por maternidad deje de ser ridícula, que mi hija o mi hijo, o los hijos de mi hermana, de mis amigos, de mis vecinos,… que los hijos de los españoles no tengan que dejar su país buscando un empleo y una vida que sus gobernantes son incapaces de darles.

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                 [Con un poquito más de ‘LOVE’ lo mismo cambiaba la cosa]

Ahora somos nosotros los que empaquetamos nuestra vida y nuestros recuerdos -otra vez-, y de nuevo hacemos las maletas llenas también de ilusión y optimismo. Ahora somos nosotros quienes dejamos el barco, jóvenes formados gracias al esfuerzo de padres y madres que nos convencieron de que estudiando tendríamos un futuro. Y precisamente gracias a nuestros padres y madres hoy vamos en busca del mismo, aunque sea lejos de nuestro país y de nuestra gente, porque ellos nos ofrecieron las herramientas necesarias para conseguirlo. No importa la distancia, no se nos caen los anillos y no es un lamento, de hecho nosotros tenemos suerte.

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        [“Si quiero me voy pero si me apetece quedarme… ¿qué hacemos?”]

Pero señores gobernantes, hace casi 4 años que soy madre y no quiero que la historia se repita, no quiero que mis hijos tengan que hacer las maletas, no al menos si no es lo que desean, que lo hagan si quieren pero no porque no tengan otra opción. Así que, señores gobernantes, sean del partido que sean -ya les digo yo que eso me da igual-, hagan lo que tienen que hacer, gobiernen y dirijan el barco a buen puerto. ¡Y ojo! Háganlo rápido porque este país que tanto queremos se nos hace viejo.

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   [El camino hay que saborearlo aunque haya sentimientos encontrados]

Y dicho esto, gracias a mi persona favorita hace casi 4 años que tengo -tenemos- más sueños, más ilusiones, más ganas y menos metas, porque Vita via est; la vida es un camino y hay que disfrutar de cada paso, poco a poco, sin prisas por llegar a ninguna parte. Si antes era capaz de todo puedo asegurar que ahora no hay quien me pare, porque soy mamá -la vuestra- y, ¡madres del mundo!, a nosotras no hay quien nos pueda 🙂

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                                                [Hace casi 4 años…]

Yo era de las que por voluntad propia no quería tener hijos y ahora no concibo mi vida sin ellos. Me sentía satisfecha antes y me siento feliz ahora. Sólo hay una cosa que cambia y es que sobre mis principios, mis sueños, mis retos o mi vida está la suya, la de los dos. Y es cierto, ¡vaya responsabilidad! Da vértigo, para qué negarlo, pero por eso soy más capaz y tengo menos miedo (y más, según el momento y la circunstancia) porque no importa lo que pase o el tiempo que pase, por ellos todo irá bien, SIEMPRE.

Hace casi cuatro años que lo cambiaste todo, que lo pusiste del derecho, que le diste un nuevo sentido a la vida y me enseñaste el camino…y hoy no encuentro mejor motivo para volver a escribir.

Las chicas son guerreras

Princesas, sí, pero guerreras. Al menos así somos las chicas en esta casa. La mamá lo ha sido siempre y la pequeña vikinga ha tenido a bien heredarlo, y digo a bien porque le va a hacer falta en la vida. Que no se me entienda mal, o a ver si puedo explicarme mejor: guerrera no como sinónimo de ‘peleona’, más bien de fuerte, valiente, terca también a veces pero a sabiendas de que si quiere puede y podrá. Y yo lo único que espero es que quiera lo que quiera, luche por lo que luche, que lo haga convencida de que será su felicidad. Y si no lo es, a otra cosa mariposa. Ojalá adquieran, tanto ella como él, esa capacidad que pocos poseen y yo envidio.

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El párrafo, un poco ñoño, me sirve para introducir este post que llega un poco tarde como inauguración del 2016. Tres meses sin contaros nada son muchos meses, y no por falta de temas, que es lo peor; más bien por todo lo contrario. Sin embargo, han sido y son tantas las situaciones vividas que no sabría por dónde empezar. Aún hay ideas intentando organizarse en mi cabeza así que, hasta que el tetris de pensamientos no esté en su sitio, prefiero no tocar nada… Ahora mismo todo es un poco caos!!

Los planes con los que empiezo este año son los mismos que me acompañaban en la despedida al 2015. 365 días que nos regalaron a nuestro pequeño León y muchos momentos únicos, tanto buenos como regulares.

Por eso, mi propósito para este 2016 es volver a tomar conciencia de quién soy. No es que no lo sepa sino que pocas veces me dedico tiempo, y últimamente me he perdido un poco. Es algo que nos pasa a casi todos y todas, nos preocupamos tanto y tan a menudo por lo que ocurre a nuestro alrededor que nos dejamos ir. Dos veces en mi vida he tenido pleno conocimiento de mi ser, de mi persona y de mis anhelos. Conocimiento de lo que quiero y de lo que ando persiguiendo, eso a lo que no llego jamás porque me empeño en lo que la vida, la sociedad, la cultura  o yo misma a veces he creído que era lo mejor. Y tal vez lo haya sido, pero ¿era lo que quería? La segunda de esas veces en la que me encontré conmigo misma, de frente y sin máscaras, fue gracias al yoga y la meditación. No tengo aquí a Sandra para ponerme las pilas pero prometo empezar a remediarlo 🙂

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Debería ser el momento de poner en práctica eso que espero que hagan mis hijos el resto de sus vidas: ser felices consigo mismos. Así que el mejor momento para coger aire profundo y emprender nuevas ideas es ahora, porque además el tiempo para llevarlo a cabo se me ha planteado así, solito, sin que haya tenido que hacer nada. Vamos pues a cambiar el rumbo, que no la compañía. Cambios pequeñitos, que darse un gusto de vez en cuando no hace daño. Podríamos establecer un décalogo de buenas intenciones para con nosotros mismos en este 2016. El mío sería algo así:

1.Recuperar los buenos hábitos adquiridos en el frío y precioso norte de Europa. Desayunar bien no puede ser una excepción, tendrá que convertirse en la norma número 1 de cada día. Y si además de rico es bonito, mejor que mejor.

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2.En mi agenda, a partir de ahora, habrá tiempo para más paseos, más aire puro, más escritos, más lecturas, más dejar volar a los pensamientos y caminar a los pies.

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3.Rodearme de cosas bonitas y bien hechas, inspiradoras. Norma obligatoria porque ¡cómo cambia la historia cuando al mirar a tu alrededor todo está hecho con gusto! Olé por los rincones con encanto.

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4. No agobiarme más de la cuenta cuando las cosas no salgan como pensaba. Y sobre todo, no descargar la furia contra quien nos coge de la mano cada día y camina a nuestro lado.

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5. Importante. Más susurros y menos gritos, más paciencia y menos prisas. Más abrazos, más canciones, más música, más silencios y menos palabras vacías. Porque la suerte también depende de cómo afrontemos la vida. Y ellos serán mañana como somos nosotros ahora.

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6.Fundamental, más calidad en el tiempo que pasamos juntos y más tiempo que pasar en familia.

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7. Levantarse y acostarse SIEMPRE con una sonrisa. Hay motivos más que suficientes.

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8.Menos retos y menos metas. Tomarse con calma los días. Es difícil estar a merced de ‘lo que venga’, y aunque hay que seguir trabajando para conseguir una correspondencia entre ‘lo que venga’ y ‘lo que queremos conseguir’, prometo intentar abrazar los cambios con menos angustia y con más calma. Nunca con resignación. Pero asumir que no todo está en nuestras manos y que no tenemos el control, seguro me hará más libre. Porque no todo puede ser como pensábamos que sería, muy probablemente sea aún mejor. El truco está en no dejar de caminar, por donde sea y como sea, seguir adelante y disfrutar de cada paso.

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9.Si no se puede llevar el timón, lo mejor es dejar las melenas al viento e ir donde nos lleve el destino…

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10.Sea donde sea, sea como sea… juntos es mejor. Bienvenido 2016. Aquí estamos, para lo que gustes.

Lo dicho, son buenas intenciones 😉 Ahora a ponerlo en práctica. Os iré contando!!!

Besos!

Abrazando los cambios. De norte a sur

Puede sonar típico, pero es verdad. Nos pasamos la vida planificando el mañana, preocupándonos por cosas que aún no han pasado y que tal vez no sucedan jamás, estresados, enfadados, con el ceño fruncido… y entonces, nos olvidamos de disfrutar el momento. Carpe diem, que se dice…

La vida en Copenhague acabó por ahora, ¿quién sabe qué nos depara el destino a la vuelta de la esquina? De nuevo en el sur, la puesta al día no nos resultó muy complicada al principio. Teníamos nuestra vida hecha aquí y al final hemos estado fuera menos tiempo del que pensamos que sería, con lo cual nada ha cambiado demasiado. O al menos eso pensaba en un principio… Al final, se trata sólo de seguir adelante.

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Algo ya es diferente. NOSOTROS. Nunca hemos sido de esas personas cuyo arraigo a un lugar les impidiera alejarse del mismo lo suficiente, y ser feliz. Hablo por mí, y me atrevería a decir que Álvaro piensa igual, pero no voy a poner voz ni letras a sus pensamientos o emociones. Yo no creo en las fronteras, ni en los determinantes posesivos. Nací en Cádiz y me encanta esa tierra, pero no por ser mía, puesto que no lo es, en realidad soy yo quien en parte le pertenezco, al igual que pertenzco a Granada, a Sevilla, a Copenhague… y a todo aquel lugar en el que sea capaz de encontrarme conmigo misma y sentirme feliz, plena.

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Así que, si antes ya me sentía ciudadana del mundo, ahora que mi mente se ha abierto aún más, ese sentimiento ha crecido y siento la necesidad de verlo todo desde distintas perspectivas. Es algo constante. A veces me gustaría ser diferente y no tener la necesidad de estar continuamente cuestionándome todo, con ese deseo de cambiar, ese inconformismo permanente, inventando siempre algo nuevo, huyendo de cadenas y amarres, soñando demasiado… Pero entonces me paro a pensar y descubro que Vega es exactamente así, y precisamente eso es lo que más me gusta de ella. Con todo lo malo y todo lo bueno que conlleva ese tipo de personalidad.

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Salir de nuestra zona de confort es necesario. Y utilizo esta expresión como sinónimo del lugar en el que todo nos es conocido, fácil, o rutinario, porque la rutina al final termina siendo sencilla de seguir. Tal vez no tengamos las mejores condiciones económicas, personales o laborales en ese lugar del que no queremos salir, pero es muy común eso de conformarse porque “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Pero, ¿y si lo que estás por conocer es lo mejor que te puede pasar en la vida, lo más gratificante que le puedes enseñar a tus hijos? Abrir sus mentes, borrar sus miedos, convertirlos en seres capaces de adaptarse y encontrar la felicidad en aquello que hagan, sea donde sea. En mis sueños, hay noches en las que me veo paseando entre sus calles, viviendo en la línea del tiempo como si aún no hubiéramos regresado. Y es que un trocito de mi corazón vivirá allí por siempre. He ido retrasando el momento de escribir este post durante meses, quizás con la esperanza de no tener que hacerlo. Pero ha llegado la hora, y desde hoy este espacio pasará a ser Mi momento, esté donde esté.

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Copenhague me ha regalado muchos de los mejores momentos que recordaré toda mi vida y a grandes personas que se quedarán en ella por siempre. Pase lo que pase mañana, hoy toca vivir el presente, así que si decidís seguirme…

Bienvenidos a mis crónicas y divagaciones sobre la vida. Bienvenidos a Mi momento 😉

P.D. A partir de ahora, a las ocurrencias de la pequeña genio se suman también las sonrisas del enano número dos, pero segundón sólo en orden de llegada. Para todo lo demás, tan número UNO como su hermana. Mil besos!!!!

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Pongamos que hablo de Copenhague

Después de un tiempo alejada del teclado y la pantalla del ordenador, vuelvo con ganas de sentarme a escribir. Las ideas y temas se agolpan en mi cabeza y a veces es difícil poner orden en ellas, por eso mejor tomar distancia. Pero por el momento, vuelven a estar organizadas. A veces basta una sensación para despertar.

Y es que hay olores, colores o símbolos que, instintivamente y de forma inmediata, asociamos a determinadas personas. Lo mismo le ocurre a los lugares que nos han marcado en nuestra vida. A nadie se le escapa que hay ciudades reconocibles únicamente por las imágenes de sus monumentos, instantáneas que han dado la vuelta al mundo y que nos hacen sentir que conocemos el lugar en cuestión sin ni siquiera haber pisado su suelo. Sabemos pues que se trata de París por una foto de la Torre Eiffel, nos sentiremos en Sevilla si vemos una imagen de la Giralda, de la misma forma que la Puerta de Alcalá nos traslada hasta Madrid, y así un largo etcétera …

Sin embargo, al margen de lo evidente, cada uno de nosotros relacionará los lugares que nos resultan importantes a partir de una serie de símbolos. Por eso, Copenhague, para mí, siempre será mucho más que la típica foto del puerto de Nyhavn o las cientos de bicicletas “aparcadas” en cualquiera de los parkings habilitados para ellas.

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Puerto de Nyhavn
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Señal de carril destinado a las bicicletas

Copenhague se ha ganado a pulso el convertirse en lo más parecido a ‘El País de Nunca Jamás’, ése con el que siempre había soñado y ya daba por perdido. Un mundo pensado y creado para los niños . Sin duda, eso es lo primero a destacar en mi lista de imprescindibles de esta tierra nórdica. Todo dedicado a que los pequeños de la familia sientan que son uno más, incluidos en un sistema menos burocrático y distante que ése al que estamos acostumbrados, importantes en cada decisión que éste debe tomar, con sus necesidades cubiertas y sus prioridades tenidas en cuenta.

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Nada de llevarlos en nuestro carrito de la compra
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Que ellos también participen!

Un niño debe ser feliz y vivir su infancia con plenitud. Tal vez, empezando por su tiempo de juego y experimentación, y he aquí donde podríamos destacar algo tan básico como los columpios que encontramos en los espacios de recreo… ¡Ojalá mi generación (así como las anteriores y posteriores) hubiéramos podido disfrutar de columpios y actividades como las que están a disposición de los niños en cualquier lugar de Copenhague (extensible a toda Dinamarca). Todo pensado para el desarrollo adecuado de sus habilidades.

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Parque ubicado en el recinto de la Fábrica de Carlsberg
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Obstáculos que deben sortear, de árbol en árbol
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Poner a prueba sus habilidades y hacer que mejoren día a día…
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Bicicletas gratis en los parques, a disposición de todos

 

 

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Y un paquete de juguetes que la Comunidad de cada edificio adquiere para sus residentes más exigentes

 

Y es que no sólo se trata de subirse a un columpio y dejar que les paseen, ¡ni de lejos! Trepar, escalar, construir torres con piezas gigantes de Lego, areneros en los que mancharse sin miedo, casitas en los árboles …y un sinfín más de opciones que hacen de los parques infantiles espacios en los que la imaginación, el aprendizaje y la aventura están muy presentes.

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Mancharse es obligatorio para experimentar en condiciones

 

 

 

Bueno, y no debemos pasar por alto algo básico y, como se diría en mi tierra, “de cajón”: se trata de áreas equipadas con baños públicos para que todos aquellos que se encuentren disfrutando en el parque, tanto niños como mayores, puedan hacer uso de los mismos.

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Al fondo, el servicio

 

No es algo tan difícil, digo yo. Ganamos todos, las personas y por supuesto las zonas de recreo. Sin embargo, aún no he visto un parque público en nuestro país que disponga de este servicio. ¡Miento! hace unos días vi uno  pero estaba cerrado con llave y no había nadie encargado de facilitarla. Así que no diré dónde está el parque en cuestión, porque para tal caso es como el que “tiene un tío en Graná, que ni tiene tío ni tiene na”. Y qué decir de los  establecimientos, prácticamente todos, que dedican un espacio para el juego infantil…

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Restaurantes y establecimientos que también piensan en ellos

Es similar a lo que ocurre con los cambiadores de pañales en los bares o restaurantes. En España (a excepción de algunos lugares privados que ya incorporan sala de lactancia a la que pueden entrar padres y madres), por norma, los cambiadores se encuentran en el baño femenino, dando por hecho que es la mujer quien debe encargarse de dicha tarea. Y no pasa nada, las madres lo hacemos gustosas, pero no por imposición, o al menos no debería ser así. ¿Qué ocurre si el papá se encuentra solo con el bebé? ¿Puede entrar en el baño femenino para hacer uso de este servicio al que el niño tiene derecho?… Podría intentarlo, pero seguramente, como poco, le mirarían raro. En Dinamarca esto no ocurre. Los baños, separados o mixtos, cuentan con la opción de cambiador tanto para la compañía femenina como la masculina. Cositas básicas, de nuevo “de cajón”, que no llego a comprender por qué no incorporamos. Y no se trata de copiar, sino de lógica. ¿De verdad a ningún responsable de este tipo de asuntos se le ha ocurrido?

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Papel y lápices para ellos en cualquier lugar que se visita
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Escalar y poner a prueba la fuerza

 

O por ejemplo, otro asunto relacionado con el tema en el que no se tiene en cuenta el bienestar de los niños. Hablo del hecho de instalar la zona de juegos infantiles a pleno sol (me refiero al caso de Andalucía, donde aprieta el calor durante gran parte del año). Tenemos parques con árboles y sombra, pero reservan un espacio en el centro para los dichosos columpios, que además no son de madera sino de plástico o metal, y ya sabemos lo que ocurre… se calientan con el sol y queman. ¿Consecuencia? Reducimos las horas en las que se puede disfrutar de los parques, que se mantienen vacíos la mayor parte del día.

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Una casita en el árbol, el sueño de todos

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Evidentemente no podemos hacer nada contra la naturaleza, ni se me ocurre. Dinamarca tiene árboles frondosos y sombra, nubes, a veces sol que da calorcito pero no quema, por lo general.

JpegNosotros tenemos un clima envidiable, y a mí me encanta, pero teniéndolo en cuenta no vendría mal pensarse mejor dónde colocar los parques o instalarles unos toldos o parras que den sombra… En fin, lo que se hace en el casco histórico de la mayoría de las ciudades andaluzas cuando va llegando el buen tiempo.

Como decía, Copenhague es una ciudad pensada y creada para los niños. Podemos ver una zona infantil allá donde vayamos. Bibliotecas, museos , restaurantes …Espacios públicos y privados, no importa cuál sea su naturaleza, el caso es que todos piensan en ellos, los pequeños, y en nosotros, los papás. Como debe ser.

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Zona de escalada en el Experimentarium City
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Y toboganes también los aeropuertos, para que la espera sea más llevadera

 

De hecho, es la única forma de hacer que las cosas funcionen, que los niños se interesen por la cultura, que podamos disfrutar en familia de una visita a lugares de interés histórico, introducirles en la vida cotidiana, acercarles al arte, la naturaleza, la literatura y la lectura, etcétera… y hacerlo de una forma divertida. Además de como padres, como adultos, no renunciar a nuestros intereses y hobbies, sino todo lo contrario: poder compartirlos y disfrutarlos en familia.

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Organización continua de actividades para ellos
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Y los museos totalmente prácticos

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Y lo mejor de todo, “Un Mundo para Niños” porque permite a los padres tener TIEMPO, el valor más preciado. TIEMPO para dedicar a los menores, a la crianza, a la familia. TIEMPO para disfrutarlos y crecer con ellos, no sólo verlos crecer a ratos. TIEMPO para compartir aficiones, resolver conflictos y aprender unos de otros. TIEMPO para la felicidad.

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Porque gestionar el día a día con familia y trabajo nunca fue tan sencillo…

Evidentemente hay muchas cosas en las que Dinamarca aún tiene que avanzar o mejorar pero, sin duda, el tema de la infancia y la conciliación familiar no es uno de ellos. Y cuando tienes hijos, qué duda cabe de que ésa es la prioridad absoluta.

Sol y nieve. Perfecta combinación.

Despertarse, mirar por la venta y verlo todo cubierto de blanco…Para los que somos del Sur, acostumbrados a ver el mar, ésta es también una maravillosa estampa que invita, sin duda, a salir a la calle a disfrutar de la jornada, y si además el cielo nos regala un estupendo sol, no hay excusa posible que nos deje en casa.

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Con resfriado familiar, pero bien abrigados, saborear un maravilloso día de nieve es un fantástico plan, sobre todo ahora que empieza a oscurecer más tarde. ¡Cada rincón imaginable se ha vuelto blanco! Cierto es que no es la primera vez que vemos nevar pero no habíamos pasado de una nevada intermitente o leve. En Granada también hemos disfrutado de la nieve en plena ciudad, aunque no de la misma forma. Aquí no es algo esporádico, sino lo habitual. Al parecer, este año está siendo bastante suave y el invierno se está portando bien.

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Con dicho panorama en el exterior, es fácil conseguir que toda la familia se ponga las pilas en tiempo récord y salir a la calle para no perder detalle, ¡como si por tardar unos minutos más la nieve fuera a desaparecer! En estas ocasiones, Frederiksberg Have es siempre nuestra primera opción, ya que está cerquita de casa, tiene explanadas inmensas de vegetación, lagos, patos y cuestas para deslizarse con los trineos. Porque sí, ¡ya tenemos trineo! los Reyes Magos no pudieron atender esta petición de la pequeña pero el asunto ya está resuelto. En él caben dos personas y es de color rosa, claro 🙂 Con todo lo necesario para el disfrute, lo primero siempre es coger nuestras bicis y retirar la nieve de ellas.

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En una salida a la nieve hay algo imprescindible, además de jugar a lanzar bolas, y es hacer un muñeco de nieve. Más aún cuando hemos visto Frozen como unas quince veces y la canción ‘Hazme un muñeco de nieve’ (con diálogo incluido) es la preferida por tu hija. Con zanahoria en el bolso y algún que otro detalle más, padre e hija dieron forma a nuestro particular Olaf: un muñeco regordito y con pelo pincho cuyo cuerpo se hizo realidad gracias a los trucos del papi para hacerlo (yo no sabía que hacer un muñeco de nieve tenía su técnica, oye, pero la enana aprendió rápido y la cabeza de Olaf fue cosa suya).

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Cuántas veces, como padres, no habremos pensado o dicho eso de “ojalá esto hubiera existido, o hubiera podido disfrutar de aquello, o cuánto habría dado por hacer o vivir eso otro… cuando era pequeño”. Al verla  a ella crecer y disfrutar con cosas quizás banales, sí, pero al mismo tiempo tan enriquecedoras para la mente y para la forma de enfrentarse al mundo el día de mañana, es fácil sentirse satisfecho y orgulloso. Tendrá que enfrentarse a problemas como todo el mundo, pero ojalá sea capaz de utilizar las herramientas aprendidas en el camino para saber solventarlos y hacerles frente. Para levantarse tantas veces haga falta… Entiéndase, son divagaciones a las que una llega, no por el hecho de disfrutar de un día de nieve (algo positivo), sino por comprobar y aprender de una niña de dos años a adaptarse y sacarle el jugo a cada una de las experiencias que buscas o encuentras en la vida.

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Son ellos, los niños, quienes nos enseñan a valorar cada momento, a ver las cosas como si fuese la primera vez en nuestra vida que estamos frente a ellas. Nos demuestran que todavía somos capaces de sorprendernos, ilusionarnos y entusiasmarnos con la nieve que cubre las hojas, con el canto de los pájaros, con la imagen de un lago helado… Sus ojos se iluminan cuando lanzas una rama al agua congelada y “¡no se hunde, papá!”. Entonces llega la explicación y sus correspondientes “porqués”, y te maravillas sobre cómo alguien tan pequeño, pero tan grande al mismo tiempo, se hace esas preguntas tan complejas con ese interés por comprender el mundo que le rodea.

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Aprendiendo el porqué de las cosas

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Y sólo espero que nunca pierda ese ansia por saber, por comprender, por entender… que no se conforme nunca con una primera respuesta si no está segura de que es la correcta.

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Ella y su espacio, tan necesario

 

En fin, que me voy del tema. Como decía más arriba, los días ahora son más largos, oscurece más tarde y, a pesar del frío (que no es tanto), empezamos a sacarle partido a las tardes de invierno. Pasear con el paisaje blanco, caminar bajo una nevada que resulta agradable (aunque no tanto cuando vas en bici), patinar sobre hielo o deslizarse con los trineos suelen ser opciones más que viables estos días 🙂

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El trineo rosa ya es una realidad, ahora hay que darle uso…

 

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Los parques ahora parecen infinitos

 

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Para los niños, jugar en el patio del colegio es un gustazo

 

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E ir a una guardería caminando por la nieve también lo es

 

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Incluso aprovechar llegar antes para disfrutar del tobogán

 

De hecho, el patinar sobre hielo es algo que a Vega le gusta y mucho. Lo descubrimos no hace demasiado tiempo. Iniciado el mes de Diciembre ya colocaron algunas pistas de patinajes sobre hielo por la ciudad, con la suerte de que justo debajo de casa nos colocaron una y lo mejor de todo es que, en el kiosko de la Kommune, te prestan los patines así que para aprender es genial. ¿Lo malo? Que hasta que aprenda hay que llevar a la pequeña casi a peso… así que no es una actividad que practiquemos cada tarde…

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Primer acercamiento a los deportes de invierno 😉

 

Un día cualquiera de un mes de invierno en Copenhague. Seguiremos saliendo a la calle y contando y sumando experiencias. La próxima muy, muy pronto.

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God Jul :-)

No mentían quienes nos aseguraban que la Navidad en Copenhague merece la pena, y mucho. La magia no ha dejado de acompañarnos desde hace un mes, cuando ya pudimos disfrutar de los primeros mercados navideños y decoraciones a base de luces, estrellas y corazones. ¡Ah!, y Julemanden por todos lados (entiéndase, Papá Noel o Santa Claus). Este año nos preparamos para despedirnos de estas fechas en Dinamarca y seguir festejando en España con la familia, así que será en otra ocasión cuando profundicemos más en las mismas. Aunque, ¿quién podría quejarse?. Por fortuna, hemos podido sacar el jugo a cada experiencia.

Colocar el árbol de Navidad fue nuestro primer cometido. Si hasta ahora solíamos hacerlo en el Puente de la Inmaculada, en España, en esta ocasión era mediados de Noviembre cuando ya contábamos con el mismo. El reto estuvo en encontrar uno artificial con el objetivo de que nos durase varios años, cuantos más mejor. Tras encontrarlo (demasiado grande y nada barato), comenzaron a instalar en las calles los mercados de árboles de Navidad naturales. Todos ellos preciosos, de distintos tamaños, precios, procedencia y variedades (de pino y abeto). Al parecer, existen granjas de árboles de este tipo, donde son cultivados específicamente para su uso en estas fechas y una vez que terminan las mismas son reciclados. Tal vez otro año, cuando hayamos amortizado el artificial, nos decantemos por esta opción. De una u otra manera, con el elemento fundamental en casa ya podíamos comenzar con la decoración. Los cachivaches habían venido con nosotros en la mudanza así que pasamos toda una tarde de domingo sumergidos en ese ambiente festivo, con sus correspondientes villancicos de fondo 🙂 Una tarea que, entre todos, fue mucho más divertida.

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Preparados para montar el árbol
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Con su ayuda siempre es mejor
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Su toque final que no falte, nunca 🙂

Pero no sólo el árbol se ha hecho un hueco en nuestro salón. Estamos en Dinamarca y, como manda la tradición, también nosotros tenemos a nuestro particular Julemanden acompañado por velas y luces.

Y para completar la estampa, en la puerta de casa nos han colocado una pista de patinaje sobre hielo que además es gratuita. Tan sólo hace falta tener el calzado y lanzarse a ella. Para los más pequeños puedes conseguir los patines gratis en el quiosco que la Kommune del barrio tiene instalado en el parque. En él, hay de todo para el disfrute de los más niños, desde bicis y triciclos hasta juegos de mesa, libros o ayuda personal para hacer los deberes.

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Pista de hielo para todos
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Porque en invierno también hay diversión

Pero ni la pista, ni los patines, ni siquiera el columpio consiguen llamar la atención de la pequeña Vega si frente a ello encuentra un buen montón de nieve.  Está deseando que caiga una buena nevada para poder hacer su primer muñeco, así que a ver si en Enero hay suerte.

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Nieve o hielo, ¿qué más da? 😉

Sacarla del juego de bolas de nieve (casi hielo) resulta pues complicado, incluso sabiendo que el motivo es una visita a Tivoli para disfrutarlo con la decoración y ambiente navideño. Con esfuerzo y algún que otro truco fuimos capaces de alcanzar el destino deseado una fría mañana de Diciembre. Todos juntos en la Nihola (había pocas ganas de pedalear, qué se le va a hacer 🙂

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Donde caben dos…caben tres

Precioso. Atravesar la puerta principal y creer estar en un cuento de Navidad, así es Tivoli por estas fechas. Puestos decorados con exquisito gusto, tiendas de regalos o comidas típicas, restaurantes, atracciones, juegos para niños, lagos de ensueño, trineos en los que poder descansar y comer algo, árboles de Navidad por doquier … La experiencia mereció la pena.

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Tivoli también en Navidad, cómo no 🙂
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Atardeceres con magia
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La nieve, también la artificial, le apasiona

Pero… y es que siempre lo hay…el barullo de gente era desmesurado, al menos para mí que me agobio fácilmente. No sé si denominarlo defecto pero al menos sí es un inconveniente en determinadas ocasiones (como ésta o cuando en España tocaba hacer la compra en fin de semana, sobre todo en determinado centro comercial cuyo nombre me reservo), y creo que a Vega también le ocurre, así que habrá que elegir con más cuidado el día la próxima vez que nos vayamos a visitar un lugar de estas características.

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Sea como fuere, el resultado del trabajo que realizan en este Parque es impresionante, bien merece la pena una visita, o más de una porque la decoración -como creo haber dicho ya en algún post anterior- va cambiando según la fecha del año y pasear por sus jardines también tiene su encanto.

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La decoración navideña también incluía el suelo
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Los establecimientos de comida tampoco perdían detalle
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Rincones con encanto
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El buen gusto para decorar…

Y para completar las aventuras navideñas, cómo no resaltar la cena de Navidad que la International Mobility Staff de la KU organiza cada año para que los investigadores extranjeros de la Universidad tengan un acercamiento a la Navidad danesa y sus tradiciones, y para que se sientan como en casa. Sin lugar a dudas lo consiguen.

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Detalle del interior del Hovedbygningen
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Las paredes del Hovedbygningen están llenas de arte

Este año hemos podido ser partícipes de este evento y logran su objetivo. El sentir que se preocupan por ti e intentan hacerte sentir parte de su cultura y de sus vidas es algo de agradecer, y mucho.  Y cómo no, Julemanden no faltó a la cita con los más pequeños de la sala. Ilusión y regalos para todos.

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Muy atentos a la actuación musical
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Julemanden llegaba con regalos para todos
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Vega y su regalo de Navidad

Aún nos queda mucho por disfrutar y conocer de las Navidades danesas pero, como en todo, poco a poco. Ha sido un buen abrir de boca. El año que viene… más y mejor 😉

Hasta la próxima!!!

Y llegó la Navidad…

Tres, dos, uno… Comienza el espectáculo más esperado del año. Señoras y señores, en Copenhague ya hemos empezado a celebrar la Navidad, y ¡cómo me gusta!. Aunque ya hace días que podemos ver balcones y casas decoradas con motivos navideños y muchas luces, ha sido este sábado 15 de noviembre cuando la ciudad ha dado la bienvenida a estas fiestas que, al menos en España, comienzan en Diciembre. Y no hablo de los centros comerciales o tiendas españolas en las que es cierto que desde Noviembre podemos encontrar productos de Navidad, entiéndase polvorones, mantecados, alfajores, árboles, adornos y similares. No, me refiero más bien al espíritu. A pesar de los años, de las ausencias, de la distancia… para mí la Navidad sigue teniendo su magia, y aquí no hay Ángeles pero sí  Duendes y Hadas, que lo hacen todo aún más mágico.

A las cuatro de la tarde del sábado, cuando ya había oscurecido (aunque no era noche cerrada) disfrutamos junto a unos amigos de nuestro primer encuentro con un Mercado de Navidad danés. El situado en Kultorvet es pequeño, pero se basta y se sobra para hacer pasar a sus visitantes una agradable tarde de invierno. Bueno, de otoño en este caso 😉

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Mercado de Navidad en Kultorvet.
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Un lugar donde encontrar complementos de abrigo para el invierno.

A nosotros nos ayudó a cumplir varios de los objetivos pendientes. El primero: por fin tengo chaquetón para afrontar el frío. Y es que en estos días ya se va notando que las temperaturas siguen descendiendo. Lo hacen progresivamente, casi para que no nos demos cuenta, pero no cuela… En fin, que ya tengo mi abrigo. Uno de los puestos del mercado era de chaquetones de invierno de outlet, de la marca Geographical Norway. Rebajado, mucho. Unos amigos lo tienen desde el año pasado y están bastante contentos así que es nuestra apuesta. Quizás para el mes de Febrero pueda dar alguna referencia más, pero de momento estoy muy contenta.

Tarde navideña con amigos en Copenhague.
Tarde navideña con amigos en Copenhague.

Y cumplida la tarea de la compra, disfrutamos de una bebida calentita en una de las tabernas o tascas o bares que montan en estos mercados. Álvaro optó por el Glogg, según sus propias palabras “versión nórdica mejorada del Gluhwein, delicioso”,  y yo me decanté por el chocolate caliente. Pero lo mejor fue probar los Æbleskiver, una especie de buñuelos rellenos de crema de manzana, que se sirven en caliente, espolvoreados con azúcar glas y acompañados con mermelada, a elección de cada uno.

Rico, rico, rico.
Rico, rico, rico.

Un mercado en el que también los pequeños tienen su espacio, porque no podemos olvidar dónde estamos. Un ‘Karrusel’ y un trenecito hacían las delicias de los niños, aunque no tanto de Vega. La pequeña vikinga quiso ser demasiado valiente y subirse sin compañía, pero a la segunda vuelta fue necesario parar el tren para que pudiera bajar. La pobre lloraba y lloraba porque la habíamos dejado sola, decía.

'Karrusel' navideño. La próxima vez habrá más suerte :)
‘Karrusel’ navideño. La próxima vez habrá más suerte 🙂

Pero no es el único mercado que pudimos visitar. Muy cerquita de Kultorvet, tomando la calle Købmagergade que está llena de tiendas, de luces, museos y puestos de almendras calentitas, llegamos a Højbro Plads.

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Detalle de la decoración de las calles en el centro de la ciudad.
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Corazones y estrellas que alegran cuando miramos al cielo.

En esta plaza hay otro ‘Christmas Market’, algo más grande, con algún puesto más variado de comida y otros dedicados a decoración navideña.

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Las luces con forma de estrella son típicas en esta época del año.
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A las puertas del mercado navideño de Højbro Plads.
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Pasear por estos mercados no se hace complicado a pesar de la cantidad de gente que allí encuentras.

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Incluso un puesto de churros!! Sí, sí, Spansk Specialitet, aunque de españoles tienen poco, nada que ver con los nuestros, con los de verdad. Yo, en Copenhague, me quedo con los Æbleskiver. Los churros los tomaremos en Diciembre, en la Plaza de las Flores 🙂

Pueden estar bien, pero no es lo mismo :)
Pueden estar bien, pero no es lo mismo 🙂

Con churros o sin ellos, lo cierto es que encontramos una gran variedad de productos y es que la oferta es amplia en estos mercados. La estampa es diferente de la que estamos acostumbrados a ver, y eso no lo hace ni mejor ni peor, pero sí especial, y siendo sinceros es muy pero que muy bonita, sólo falta la nieve para que parezca una postal. Y con mi abrigo nuevo no se nota el frío 🙂

Tras una tarde así, quién podría resistirse…ya hemos comenzado con la decoración en casa, donde no faltan las velas y nuestro Papá Noel nórdico. Ah! Y la tableta de Suchard, cortesía de la abuela, para poner la nota española a estas Fiestas 😉

Nuestro Papá Noel nórdico ya preside el salón.
Nuestro Papá Noel nórdico ya preside el salón.
¡¿Qué son unas Navidades sin él?!
¡¿Qué son unas Navidades sin él?!

Ahora sólo queda esperar a que el Tívoli vuelva a abrir sus puertas con el mercado de Navidad más espectacular de Copenhague. ¡¡¡Qué ganas!!!

Un abrazo a todos.

Buscando formas en las nubes…

Hola de nuevo!!

¿Os parece si hoy hablamos de nubes? Tranquilidad, ¡que no cunda el pánico!. No me he vuelto loca -todavía-. Hablamos de nubes, sí, pero no sobre su posible olor o color, como mucho intentaremos buscarles forma. Puede parecer extraño, pero lo cierto es que si hay algo que no ha dejado de llamarme la atención desde que llegamos a nuestro nuevo hogar ha sido su cielo. Y si hace unos meses lo hacía por la inmensidad de su azul y la preciosidad de sus nubes, hoy todas ellas juntas forman una única gran mancha blanca, desde por la mañana hasta por la noche, y eso también me sorprende.

Nubes que dan un toque mágico al cielo
Nubes que dan un toque mágico al cielo y   Estrellas que ponen la guinda en la Tierra

Nubes de todos los tamaños y formas. Tanto es así que para Vega son “ovejas en el cielo”, ¡así que imaginad lo esponjosas que parecen! 😉 La primera impresión me trasladó de nuevo a casa, a mi primera casa, Cádiz. Allí siguen estando mis raíces y la familia, pero he de reconocer que ‘mi casa’ la dejé en otro lugar, aunque la tierra tira y mucho. En fin, será por ser de costa que este cielo me recordó al de la Tacita, a la Isla, a las tardes de verano en el Faro de Trafalgar, a los paseos por la interminable Bolonia, me devolvió también olores que creía no poder encontrar más que allí, y con ellos la sensación de libertad. Un cielo en el que no parecía haber barreras (cuando conoces la ciudad descubres que alguna hay, pero mínima), inmenso y azul. Un espacio abierto en el que la claustrofobia, que a veces me invade, no tenía cabida.

Cuando volví a San Fernando, después de terminar la carrera, pasar por otros estudios y empezar a trabajar en Cádiz, me compré un coche, mi Micra. Cuando necesitaba salir, respirar y coger aire, recuerdo que juntos nos íbamos a Camposoto, a pasear. No importaba si era verano, otoño o invierno. Al llegar aquí y visitar una de las playas más cercanas del centro, pensé  “¡ya tengo lugar al que venir cuando me pierda!”. Pero…no tengo a mi Micra, y lo de ir en bici está bien aunque, creo que ya lo he dicho, soy de naturaleza perezosa para hacer ejercicio, así que esperaré a no encontrarme de verdad para volver a visitar la playa a solas.

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        Ese cielo azul inmenso del Sur.
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          Atardecer en Zahara de los Atunes.
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                     Atardecer en Cádiz.

En Agosto y Septiembre era fácil pues encontrar maravillosos paisajes en el cielo; paisajes creados por nubes. Fuéramos donde fuéramos me quedaba embelesada mirando hacia arriba. A la pequeña parece que también le gusta eso de observar el cielo, tanto de día como de noche… es lo que tienen las Estrellas. En el parque, en la playa, desde casa, cualquier lugar es bueno para deleitarse.

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              Vistas del cielo desde casa.
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   A los pájaros también les gusta el calorcito.
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    Un cielo salpicado de blanco en las tardes.

Y si no, que se lo digan a los buenos amigos que nos visitan y para los que tampoco pasa desapercibida la belleza de este cielo.

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     Pocos pueden resistirse a fotografiarlas.       
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          Imposible no mirar hacia arriba.

Pero claro, no todo es color de rosa, ni el azul del cielo eterno. Llegó Octubre y con él se fue marchando la luz. Una mañana, al despertar, mi compañero me preguntó “¿qué tal el tiempo?”, “el cielo está blanco”, respondí. Su cara fue un poema y al gesto extrañado le siguió una sonrisa, junto a otra pregunta: “¿eso qué quiere decir?”. Pues exactamente que estaba blanco, ni azul, ni gris, ni oscuro… BLANCO. Y así continúa. De vez en cuando se ve el sol, algo de claridad, aunque poca, seamos sinceros. Y sí, puede llegar a afectar al estado de ánimo, no ver el sol se hace duro, pero hay que buscar alicientes, porque lo cierto es que a partir de ahora nos quedan unos meses de oscuridad. Aunque, para quien no está acostumbrado a ver este tipo de cielo, también es una experiencia.

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                                    Se avecina tormenta.

Al fin y al cabo, qué es la vida si no nos dejamos sorprender por lo que vemos. Y si lo hacemos acompañados por los pequeños de la casa es mucho mejor, descubres que tu capacidad de asombro continúa viva, quizás sólo un poco dormida, pero ellos son especialistas en despertarla. Yo seguiré mirando al cielo, nunca se sabe cuándo puede pasar una Estrella Fugaz.

Feliz semana 🙂