Y tener la oportunidad de comenzar de cero…

¿Quién dijo que cambiar de vida fuera fácil? Todos hemos deseado hacerlo alguna vez, eso es seguro. ¿Quién no ha soñado con empezar de cero? Yo, al menos, lo hacía continuamente. Pero no es lo mismo soñarlo que ver cómo esa utopía se va haciendo realidad, y además a un ritmo vertiginoso, casi sin tiempo de reacción.

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                        Con la mochila cargada de recuerdos

Fui consciente de ello en esta parada de bus, sólo dos horas después de pisar tierra danesa. Hasta ese momento, me había limitado a dejarme llevar. Pero ese día, en ese instante, me di cuenta de que todo había cambiado. Para bien o para mal, eso ya es cuestión de cómo gestione cada uno las situaciones. He de reconocer que al principio me bloqueé. Algo muy humano, por otra parte, y es que no aprendemos. Soy de las que suele tropezar una y otra vez con la misma piedra. Terca o tenaz, según se mire.

primeros momentos
                                             Primeros momentos

Era agosto, pero llovía como si fuera el mes de noviembre en España, apenas habíamos dormido la noche anterior y mi cabeza no dejaba de preguntarse “¿qué haces tú aquí?”. El sol no nos dio la bienvenida hasta pasados unos cinco días, los mismos que esa maldita pregunta decidió hacer nido en mi mente. Pero la vuelta del buen tiempo y el cambio de ‘chip’ me permitieron comenzar a vivir y disfrutar de esta aventura, como muchos lo llaman. Una etapa de crecimiento personal y familiar, nunca mejor dicho. Y fue entonces cuando inicié el descubrimiento de esta tierra mágica en la que la naturaleza está tan presente que a veces nos traslada a paisajes de ensueño. Comprender aquí lo esencial es mucho más fácil, explicarle a tus hijos el cambio entre las estaciones es tan sencillo como pasear con ellos por el parque y mirar los árboles, las hojas, los pájaros que marchan hacia un lugar más cálido…Un lugar en el que los niños son lo más importante – como debe ser- y  en el que el tiempo parece detenerse para permitirnos saborearlo. Estoy aprendiendo a mirar de nuevo y a reencontrarme. Creo que me estaba perdiendo.

piscinas en el parque
                                                    Con luz propia….

Y mirando y mirando, he descubierto lo maravillosas que pueden ser aquí las nubes. Fue algo que me llamó la atención desde que aterrizamos en CPH. Bueno, en realidad, cuando se marchó la lluvia y el cielo comenzó a abrirse. Las hay de todas las formas posible, y de todos los tamaños. Parecerá una tontería pero este cielo es aún más inmenso. He empezado a maravillarme con pequeños detalles que creía olvidados, a darle importancia a hechos o situaciones en las que antes no me percataba. Aquí, el contacto con la tierra y el desapego a lo material prima. Aunque reconozco que echar de menos es algo en lo que soy especialista. Y la melancolía es otra de mis debilidades. Pero un ‘break’ es un ‘break’.

Ya no me sorprende ver a alguien descalzo por la calle o encontrar a los niños desnudos bañándose en una fuente. O ver cómo en el quinto piso dos chicas se sientan en el borde de la ventana tomando una cerveza y disfrutando de los escasos rayos de sol que ,un día en concreto, se hacen visibles. Quieren sacar el jugo a los buenos momentos, sentir el contacto con la tierra, notar el calorcito en la piel o la lluvia, en su caso. Lo importante es apreciar lo que tenemos cuando lo tenemos.

¡Mirar de forma positiva o negativa lo que estamos viviendo lo cambia todo por completo! Ahora, cuando paso por delante de esa parada de bus no puedo, cuanto menos, esbozar una pequeña sonrisa. Lo primero que me viene a la cabeza ya no es la lluvia ni la pena de aquel día.  La voz de mi enana cantando aquella mañana, en su cochecito, bajo el impermeable, a pesar del cansancio y de los cambios… eso es lo que me hace sonreír 😉

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